Prepárate
18 de marzo de 2008
por Ernie Knoll

En mi sueño, estoy parado en el fondo de un valle grande que tiene la forma de un cono. El fondo del valle es redondo y está cubierto de flores y árboles frondosos. Hay una variedad inmensa de aves y animales. Todo es verdaderamente bello. Las murallas del valle suben casi en forma vertical y al aproximarse a la cima se inclinan más hacia afuera. En las mismas murallas crecen muchos árboles, flores y hierba. La altura de las murallas es de unos 1.500 pies (unos 500 metros).

Al mirar hacia arriba, vislumbro el cielo de un azul oscuro. Mi ángel está de pie junto a mí. Me explica que hay 800 pajaritos negros que han sido entrenados [1] a volar todos de una vez. Deben volar hasta salir del valle grande y profundo [2]. Mi ángel me mira y sonríe, y me doy cuenta que es el Heraldo. Mira hacia arriba y dice, “Gran Creador, estamos listos para ver.” De repente, todos los pajaritos comienzan a volar y parecen muy emocionados. Al subir más y más alto, tienen un gran fervor por ascender hasta la cima. El Heraldo me mira y sonríe. Me llama por mi nombre celestial y me pide, “¿Me das tu mano?” Le extiendo mi mano izquierda. Él me mira, entonces mira mi mano izquierda, y entonces me vuelve a mirar a mí. Sonríe una sonrisa aún mayor, me llama por mi nombre celestial y vuelve a pedir, [3] “¿Me das tu mano derecha?”

Le extiendo mi mano derecha y los dos ascendemos. Al volar hacia arriba, a veces estamos rodados por todos los pájaros. Los miro y es como si todavía sintieran esa emoción acerca de lo que están haciendo. El Heraldo y yo seguimos nuestro ascenso y pasamos todos los pájaros. Pronto llegamos a la cima del valle tan grande. Nos dirigimos hacia una plataforma blanca para observación panorámica construida en la misma muralla del valle. Nos volteamos y miramos hacia abajo al valle inmenso. Observamos que los pájaros siguen volando y volando, algunos en un círculo y otros en ángulos distintos. Cada uno se esfuerza por subir más y más alto para salir del valle.

Después de un rato noto que muchos de los pájaros [4] se cansan y se van por vencidos. Voltean y vuelan o se deslizan hacia el fondo del valle. [5] Otros pierden interés en salir del valle. Se distraen [6] con la gran cantidad de flores hermosas y árboles. Otras aves comienzan a pelear y tratar de impedir [7] que otros vuelen fuera del valle. Muestran una tendencia avara [8] y egoísta. Hacen todo lo que pueden para adelantarse a los otros pájaros, malgastando energías necesarias para poder ascender de ese valle tan inmenso. Observo mientras otros [9] se detienen a discutir los libros antiguos tocante a los mejores métodos de vuelo. Sacan cartas de navegación para trazar y estudiar por dónde soplan los vientos para calcular la mejor manera de ascender. Muchos siguen subiendo, pero muchos renuncian al esfuerzo y se deslizan hacia el fondo. Otros, al ver los hermosos árboles, vuelan hacia ellos y [10] comienzan a construir nidos. Algunos se detienen para disfrutar las hermosas flores fragantes.

 Entonces el Heraldo señala hacia un pajarito. Dice, “Fíjate cómo ése siempre mantiene la vista en lo alto. Mantiene sus ojos fijos en la cima de la muralla del valle.” Al observar, le digo al Heraldo que ese pajarito parece estar muy cansado. El Heraldo dice que es verdad, pero no ha perdido de vista su blanco. Observo los pocos pájaros que quedan. Muchos se han cansado, se han dado por vencidos y han regresado al fondo del valle. [11] Mientras tanto, ese pajarito mantiene su vista fija en la cima del valle. Al acercarse al blanco, queda solo. Todos los demás han abandonado el vuelo. Al descender lentamente, muchos pelean y tratan de adelantarse a los demás. Sin embargo, ese pajarito solitario se acerca más y más a la cumbre. Tiene un aspecto muy cansado, pero mantiene sus ojos fijos en el cielo abierto. No mira hacia atrás. Cuando nos pasa, sé que pudiera haberse detenido para descansar en la plataforma, pero no lo hace. Sigue volante hacia arriba hasta salir del valle.
 
Mirando al Heraldo, le digo que parece que sólo [12] un pajarito logró salir del valle. Me dice, “Ven, tengo que mostrarte más.” Le pregunto por qué se me mostró eso. Asido de mi mano, él y yo atravesamos la pared blanca en el costado del valle, donde está construida la plataforma. Nuevamente nos encontramos en el pasillo y nos sentamos en un sofá. Me dice, “Muchos no van a comprender lo que se te acaba de mostrar. Muchos tampoco comprendieron las cosas que se te mostraron en el último sueño. Te voy a dar algo para leer una vez que estés despierto. Comparte esto para que los que creen lo lean y estudien a fin de poder comprender. Nuestro Creador le indicó a su profetisa Elena de White que escribiera lo que ahora está escrito en
Maranata, página 253, y también en el capítulo 12 del libro Eventos de los últimos días. Muchos creen que porque se les ha dado un certificado, serán admitidos al cielo. Comprenderás lo que te he mostrado ahora una vez que hayas leído de nuevo lo que ya has leído. Recuerda que sólo uno de los 800 pájaros logró salir del gran valle. Lo mismo con el último sueño—muchos leen, pero sólo pocos pudieron comprender lo que se estaba enseñando. El Heraldo me mira y me llama por mi nombre celestial. Me dice, “Quítate los zapatos y usa este paño [13] para quitar la tierra y polvo de tus zapatos. Una vez que hayas terminado, vuelve a ponerte los zapatos y seguiremos, porque hay algo que debo mostrarte otra vez.”

Me paro y el Heraldo y yo atravesamos la pared. Nuevamente me encuentro donde estaba no hace mucho tiempo en otro sueño—muy alto sobre la superficie de la tierra. El Heraldo dice, “Debo mostrarte otra vez las cosas que pronto van a sobrevenir a la tierra. Aférrate a tu fe, pues yo estaré aquí contigo y ningún mal le acontecerá a ‘los que son.’” Mientras observo, de repente [14] bolas de fuego nos pasan chillando a una velocidad muy grande. Atraviesan la atmósfera y explotan, causando destrucción desde donde están hasta la superficie abajo. Otras la penetran y golpean la tierra. Al caer, la tierra tiembla y vibra. Veo que muchos edificios se derrumban. Otros se queman, consumidos en un instante. Sólo puede describirse como ondas de choque que ondulan a lo largo de la superficie de la tierra. Carreteras y autopistas enteras desaparecen, bien sea porque la tierra se abrió o porque se disolvieron y desaparecieron dentro de la tierra. Observo mientras esas bolas de fuego caen sobre el mar, [15] lo cual hace que el agua suba como una gran muralla. Choca contra muchas de las ciudades costeñas que todavía están en pie. Las murallas de agua disuelven los puentes y edificios como si fuesen simples construcciones de arena.

Veo, oigo y siento explosiones por todas partes. Llamaradas calientes de fuego se disparan hacia arriba centenares de pies. Ríos inmensos de fuego derriten todo en su camino. Observo edificios que se retuercen y doblan por el movimiento de la tierra. Los océanos se ondulan a causa de la vibración de la tierra. De repente, todo queda en calma. Es como si Dios mismo extendiese su mano poderosa para detener la destrucción que se le permitió a Satanás hacer. El humo se desvanece, los incendios se apaciguan y el agua regresa de nuevo al mar. Ahora veo destrucción como nada que jamás haya visto. Ciudades enteras han desaparecido por completo. Muchos pueblos están destrozados en escombros, y muchas carreteras y puentes han desaparecido. Los aviones no pueden salir porque las pistas están destruidas. Me doy cuenta que acabo de ver algo que hizo morir a mucha gente. Muchos eran del pueblo de Dios y muchos otros, no.

 Me dirijo al Heraldo y le vuelvo a preguntar si todos han sido destruidos. Mirándome con ojos pacientes me dice, “Observa con mucha atención.” Veo a muchos salir a lo que quedan de las calles. Muchos se juntan y comienzan a orar pidiendo perdón. Muchos dicen que todo esto es culpa suya y que se han extraviado del culto al Dios verdadero. Veo en un puesto de periódicos un rótulo que dice, “Este domingo vayamos todos a adorar a Dios.” Otro dice, “Domingo, el día del Señor.” El Heraldo dice, “Lo que te voy a mostrar ahora voy a velar de tus ojos y oídos, pero se me ha instruido que te lo diga. [16] Un gran rey se levantará y andará por la tierra clamando que él hará todas las cosas nuevas. Sanará todos los enfermos y todas las cosas serán como si nunca hubiesen sido. Andará hacienda milagros, pero esto solo durará poco tiempo. Él les dice, ‘Ustedes han pecado contra mí, pero yo soy su rey y les serviré, pero ustedes tienen que someterse y servirme a mí. Ahora quiero que sólo me adoren a mí en el nuevo día santo. Aquéllos que no obedezcan tendrán que serán controlados de la manera como yo sé que conviene hacerlo.’” El Heraldo dice, “Basta ya con esto. Lucifer no muestra ni amor ni compasión, sólo mentiras. Nuestro Padre tiene el único libro verdadero y se llama la verdad. Vámonos de aquí.”
 
El Heraldo y yo regresamos al pasillo. Estoy allí parado, mirándolo. Él se da cuenta que yo estoy muy afectado por todo lo que he visto. Me mira y dice, “Aférrate a tu fe. Quédate en el sendero que Dios te ha mostrado.” Al sonreír me dice, “Se me ha instruido que debo llevarte a un lugar más.”
 
Atravesamos la pared y al instante estamos en un jardín de una belleza incomparable que no se puede expresar con palabras. Al caminar a lo largo de un sendero, llegamos a un área abierta. Veo a muchos ángeles a cada lado del sendero. Todos forman un punto de enfoque, que es Jesús, sentado en un trono bellísimo. El Heraldo me lleva a Jesús. Caigo de rodillas a sus pies. Me llama por mi nombre celestial y coloca sus manos sobre mis hombros. Me dice, “Tengo un mensaje que debes compartir, junto con lo que se te ha mostrado.” Entonces, con su mano izquierda me abraza y siento su mano grande, abierta contra mi espalda al acercarme hacia sí mismo. Su gran mano derecha cups mi mejilla izquierda al acercarme hacia su pecho. Siento su fuerza que me acerca hacia él. Entonces me dice, “Diles a mis hermanos [17], nuestro Padre les ama mucho, pero mucho. Diles que está esperando con paciencia, pero que quiere que ya [18] lleguen al hogar. Diles que estén alertas y escuchen. Diles que jamás se den por vencidos. Diles que fijen sus ojos y oídos en el horizonte. Diles que no se distraigan con las cosas de este mundo. Diles que se aferren a lo que está arriba y justamente adelante.” Entonces me abraza aún más fuertemente. Siento el calor de sus manos en mi cara mientras me dice, “Diles que voy para traerlos al hogar. Diles, [19] ‘¡Prepárense!’”

  1. Lucas 1:17
    Él irá primero, delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y guiar a los desobedientes a la sabiduría de los justos. De este modo preparará un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor.
  2. Joel 3:2
    Reuniré a todas las naciones y las hare bajar al valle de Josafat. Allí entraré en juicio contra los pueblos en cuanto a mi propiedad, mi pueblo Israel, pues lo dispersaron entre las naciones y se repartieron mi tierra.
  3. Salmo 73:23
    Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha.
  4. Primeros escritos de Elena G. de White, página 13
    Mientras estaba orando ante el altar de la familia, el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me pareció que me elevaba más y más muy por encima del tenebroso mundo. Miré hacia la tierra para buscar el pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: “Vuelve a mirar un poco más arriba”. Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo. En el comienzo del sendero, detrás de los que ya andaban, había una brillante luz, que, según me dijo el ángel, era el ‘Clamor de Medianoche’.” Esta luz brillaba a todo lo largo del sendero, y alumbraba los pies de los caminantes para que no tropezaran. Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad y si no apartaban los ojos de él, iban seguros. Pero no tardaron algunos en cansarse, diciendo que la ciudad estaba todavía muy lejos, y que contaban con haber llegado más pronto a ella. Entonces Jesús los alentaba levantando su glorioso brazo derecho, del cual dimanaba una luz que ondeaba sobre la hueste adventista, y exclamaba: “¡Aleluya!” Otros negaron temerariamente la luz que brillaba tras ellos diciendo que no era Dios quien los había guiado hasta allí. Pero entonces se extinguió para ellos la luz que estaba detrás y dejó sus pies en tinieblas, de modo que tropezaron y, perdiendo de vista el blanco y a Jesús, cayeron fuera del sendero abajo, en el mundo sombrío y perverso.
  5. Lucas 8:11
    Éste es el significado de la parábola: La semilla es la palabra de Dios.
    Lucas 8:14
    La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran.
  6. 1 Juan 2:15
    No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.
  7. Mateo 10:28
    No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.
  8. Isaías 56:11
    Son perros de voraz apetito; nunca parecen saciarse. Son pastores sin discernimiento; cada uno anda por su propio camino.
  9. Juan 10:1
    Ciertamente les aseguro que el que no entra por la puerta al redil de las ovejas, sino que trepa y se mete por otro lado, es un ladrón y un bandido.
  10. Apocalipsis 2:4, 5
    Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor. ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, iré y quitaré de su lugar tu candelabro.
  11. Filipenses 3:14
    Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.
  12. 1 Corintios 9:24
    ¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan.
  13. Marcos 6:11
    Y si en algún lugar no los reciben bien o no los escuchan, al salir de allí sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos.
  14. Evangelismo, página 25-26
    En la mañana del viernes pasado, justamente antes de despertar, se me presentó una escena sumamente impresionante. Tuve la sensación de que despertaba del sueño en un lugar que no era mi casa. Desde las ventanas veía una terrible conflagración. Grandes bolas de fuego caían sobre las casas, y de ellas salían dardos encendidos que volaban en todas direcciones. Era imposible apagar los incendios que se producían, y muchos lugares estaban siendo destruidos. El terror de la gente era indescriptible. Desperté después de cierto tiempo y descubrí que estaba en mi hogar.
  15. Eventos de los últimos días, página 24
    La tempestad se avecina y debemos prepararnos para afrontar su furia mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo. El Señor se levantará para sacudir terriblemente la tierra. Veremos desgracias por todas partes. Miles de barcos serán arrojados a las profundidades del mar. Armadas enteras se hundirán, y las vidas humanas serán sacrificadas por millones. Estallarán incendios inesperadamente y no habrá esfuerzo humano capaz de extinguirlos. Los palacios de la tierra serán arrasados por la furia de las llamas. Serán cada vez más frecuentes los desastres ferroviarios; en las grandes vías de tránsito habrá confusión, choques y muerte sin la advertencia de un momento. El fin está cerca, el tiempo de gracia termina. ¡Oh, busquemos a Dios mientras puede ser hallado, llamémosle en tanto que está cercano!
  16. Eventos de los últimos días, página 169 - 170
    Satanás . . . vendrá haciéndose pasar por Jesucristo, hacienda grandiosos milagros, y los hombres se postrarán y lo adorarán como a Jesucristo. Se nos ordenará a adorar a ese ser a quien el mundo glorificará como a Cristo. ¿Qué haremos? Decidles que Cristo nos ha advertido precisamente contra un enemigo tal, que es el peor adversario del hombre, y que, sin embargo, pretende ser Dios; y que cuando Cristo haga su aparición será con poder y gran gloria, acompañado por diez mil veces diez mil ángeles y millares de millares, y que cuando venga conoceremos su voz.” Satanás está tratando de ganar toda ventaja… Disfrazado como ángel de luz, caminará por la tierra como un hacedor de maravillas. Con un lenguaje hermoso presentará sentimientos elevados; hablará palabras nobles y realizará acciones buenas. Cristo será personificado. Pero en un punto habrá una diferencia marcada: Satanás desviará a la gente de la ley de Dios. A pesar de esto, falsificará tan bien la justicia que si fuera posible engañaría a los mismos escogidos. Cabezas coronadas, presidentes, gobernantes en altas posiciones, se inclinarán ante sus falsas teorías.” Habrá enfermos que sanarán delante de nosotros. Se realizarán milagros ante nuestra vista. ¿Estamos preparados para la prueba que nos aguarda cuando se manifieste más plenamente los milagros mentirosos de Satanás?
  17. Juan 16:27
    Ya que el Padre mismo los ama porque me han amado y han creído que yo he venido de parte de Dios.
  18. Mateo 24:36
    Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre.
  19. Mateo 24:44
    Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.