¡Id Adelante!
por Ernie Knoll
9 de mayo de 2007
En mi
sueño, Becky y yo, con otros que están detrás de mí
–algunos conocidos, otros, no –estamos frente a unos doce
hombres vestidos de togas negras y sentados en un banco
elevado. En la pared detrás de ellos se ven las siguientes
palabras, “EL GRAN CONSEJO DE ANCIANOS”. Las palabras están
formadas por grandes letras blancas con bordes negros,
martilladas en la pared con clavos grandes.
Les pregunto a los ancianos si nos podemos arrodillar para
orar antes de comenzar. Uno de los ancianos dice que ellos
ya oraron, y que no hacen falta más oraciones. Les respondo
que de todas maneras yo voy a orar. Hago una oración corta.
Le pido a Dios que me dé fuerzas y que mis palabras sean
las suyas. Menciono que Él me ha dicho que si necesitamos
ángeles, lo único que tenemos que hacer es pedirlos y Él
los enviará. Le pido varias legiones de ángeles, porque sé
que las vamos a necesitar. Antes de que pueda decir ‘Amén’,
uno de los ancianos dice, “Basta ya”.
Él exige saber quién me creo ser, y quiénes pensamos que
somos, y con cuál autoridad venimos. Y sigue preguntando,
“¿Quién es usted?”. Otro anciano pregunta, “¿Con cuál
autoridad va a nuestras iglesias?” Otro pregunta, “¿Con
cuál autoridad comparte esos ‘tales’ sueños?” Otro
pregunta, “¿Con cuál autoridad testifica a nuestro pueblo?”
Y de nuevo otro pregunta, “¿Con cuál autoridad profetiza?”
Y otro: “¿Conoce usted la pena por diseminar estas
mentiras?” Varios de los otros ancianos allí sentados se
burlan, “¡Ah, sueños!” Otros se miran y nos miran a
nosotros.
A mi lado izquierdo está Becky. Volteo a mirar al grupo
grande que está detrás de mí. Noto que muchos llevan un
delantal con herramientas en los bolsillos. Veo que la
hermana J está a mi lado derecho, pero un poco detrás de
mí. Su delantal es blanco y todas sus guarniciones son
doradas y plateadas. Ella tiene un sujetapapeles y un lápiz
dorado. En sus bolsillos hay muchos papeles.
Cerca, detrás de nosotros, están la hermana E, el hermano B
y Anónimo. Ellos están vestidos de blanco puro. Detrás de
ellos están el hermano J, el hermano M y el hermano D con
sus esposas. Ellos llevan delantales blancos y sus bordes
están guarnecidos de plata. Veo que el hermano M tiene
muchas herramientas en sus bolsillos, pero también tiene
distintos mapas y lápices dorados brillantes. Recuerdo
haber pensado que a pesar de que no conocía al hermano D
personalmente, sólo por teléfono, sabía que era él al que
veía. También veo a los hermanos M. Tenían grandes alas de
luz blanca en sus espaldas y cada uno sostenía un megáfono.
Reconozco al hermano W y con él hay otros que no conozco.
Por el lado izquierdo frente a los ancianos está el Pastor
B. Él viste un traje negro, una camisa blanca brillante y
una corbata blanca. A su lado está el hermano S, el cual
tiene un delantal de plata pura. Ése también tiene muchos
bolsillos. En sus brazos tiene muchos pergaminos. También
tiene un teléfono de oro puro cubierto de vidrio.
Cuando miro hacia la izquierda, de repente aparece un ángel
que camina a través de la pared a una velocidad muy grande
y se detiene rápidamente. Entonces veo otro, y otro, y otro
y muchos más. Ya no puedo ver las paredes ni el cielo raso
porque sólo hay ángeles a hasta donde puedo ver. Es un
número incontable de ángeles.
Entonces el grupo inmenso de ángeles se separa. Veo a
Jesús, el Gran Juez, pasar en medio de ellos. Viene y se
para precisamente delante de mí. Lo acompaña un séquito de
ángeles. Algunos cargan jarros, muchos otros traen
distintas capas, muchos visten armadura y hay muchos más
que lo acompañan. Uno de los ángeles se acerca a Jesús y lo
viste con una capa larga morada. Entonces Jesús se dirige
hacia los ancianos y señalándonos a todos nosotros les
dice, “Éstos son.”
Miro a los ancianos y veo como muchos cambian de semblante,
convirtiéndose en criaturas de aspecto maligno. Éstos se
levantan y salen huyendo. De los ancianos que quedan,
algunos se despojan de sus togas negras y se arrodillan a
los pies de Jesús llorando. Los demás se arrodillan y lo
adoran.
Entonces Jesús se voltea y llama a los ángeles que tienen
los jarros. Aparece un gran grupo de ángeles con jarros que
forman un cuadrado. Jesús va y mete las manos dentro de uno
de los jarros y entonces se frota las manos. Va rápidamente
a los hermanos M, coloca sus manos sobre sus cabezas y les
dice, “Vayan y SÓLO díganles que se ARREPIENTAN. Si ellos
no escuchan o no quieren escuchar, sigan y no se detengan,
porque ya no queda tiempo.”
Entonces manda por muchos ángeles veloces. “Vayan,
ayúdenlos y apúrense porque no queda tiempo.” Observo como
los hermanos M, con muchos, muchos, pero muchos ángeles
salen disparados hacia arriba como si fueran flechas de luz
de alta velocidad.
Jesús vuelve a colocar sus manos dentro de un jarro y
entonces las pone sobre las cabezas del hermano J, del
hermano M, del hermano D y sus esposas. Él les hace esto a
muchos otros que no reconozco. No puedo oír todo lo que se
dice. Sí oigo que es necesario esparcir su mensaje a su
pueblo. Entonces manda por otro grupo de ángeles para que
trabajen al lado de ellos.
A continuación, Jesús coloca sus manos dentro de un jarro,
va a la hermana J y le toca la cabeza. Le dice que sirva al
último grupo en todas sus necesidades, pero que los
mantenga conforme a las cosas escritas en el sujetapapeles.
No puedo ver lo que está escrito en el sujetapapeles. Él
asigna a varios ángeles para que estén con ella. Uno es un
ángel que se distingue por su velocidad, otro se distingue
por su sabiduría, y dos ángeles armados que sostienen
escudos y lanzas.
Colocando de nuevo las manos dentro de uno de los jarros,
Jesús va a la hermana E, al hermano B y a Anónimo y les
dice, “Ustedes deben servir de asesores; den consejo y
dirección según sea necesario.” Él coloca una banda dorada
alrededor del cuello de la hermana E y el hermano B.
Nuevamente colocando ambas manos en un jarro, Jesús se
dirige a Anónimo y pone sus manos sobre su cabeza. Entonces
dice, “Grande es la fe de aquél que manda que una semilla
de mostaza se convierta en una montaña.” Entonces le da un
beso en cada mejilla y lo envuelve en una capa muy blanca.
A estos tres les asigna ángeles de consuelo, ángeles de
sabiduría, y ángeles armados.
Luego de volver a un jarro, Jesús pone su mano sobre la
cabeza del hermano S y mientras la tiene allí, dice “Tú
tienes la información necesaria y cómo comunicarla.” Nos
señala a todos y le muestra al hermano S que “Éstos son.”
Entonces manda a un ángel que coloque sobre sus hombros una
capa blanca con bordes plateados y le añade una banda
dorada alrededor del cuello.
De nuevo, Jesús pone sus manos dentro de un jarro, se
dirige hacia Becky y a mí y pone sus manos sobre nuestras
cabezas. Manda a un ángel que coloque sobre nosotros dos
una capa grande azul con todos los bordes guarnecidos de
oro y plata. Nos dice, “Vayan y compartan las cosas que les
he mostrado en los sueños. No se preocupen por aquéllos que
se crean más poderosos que ustedes. Yo soy el Creador de
todo. Vayan y compartan los sueños. Preparen a mi pueblo.
Díganles que ya voy. Les dije, ‘Voy a preparar un lugar
para ustedes.’ Díganles que el lugar ya está listo para
ellos. Prepárense porque voy a buscarlos para llevarlos
conmigo. Tienen el apoyo pleno de todos los que he llamado
y están reunidos aquí.”
Jesús regresa al grupo de ángeles con los jarros y mete las
manos lo más profundo que puede dentro de dos envases.
Entonces va al Pastor B y lo frota de pies a cabeza.
Entonces manda a los ángeles que tienen las capas que le
pongan una capa. La capa llega hasta el piso y es de un
blanco resplandeciente con guarniciones de oro y plata a lo
largo del borde. El borde tiene muchas joyas que brillan.
Entonces Jesús coloca una banda dorada con muchas gemas
brillantes alrededor del cuello del Pastor B. Pone su brazo
derecho alrededor del Pastor B, extiende el izquierdo y
dice, “Éstos son.” Mientras su brazo está extendido, veo
destellos de luz blanca resplandeciente que salen de la
herida en su mano izquierda.
Ahora Jesús se dirige a los ángeles con los jarros y les
pide que derramen su Espíritu. Manda a los ángeles armados
que vayan y protejan a “Éstos que son”. Entonces manda a un
gran grupo de ángeles de batalla, formados en un cuadrado
inmenso, que vayan y cumplan su mandato. Les dice a todos
los que están allí reunidos que vayan adelante conforme se
les ha mandado.