Si me amas
por Ernie Knoll
4 de septiembre de 2007
En mi
sueño me encuentro solo, caminando por un sendero rodeado
de árboles. Está tan trillado que la tierra está muy lisa.
Sopla un aire fresco y dulce. De repente, tres ángeles
descienden frente a mí. Al aterrizar, sus alas se doblan,
se doblan otra vez, y se vuelven a doblar.
Se me acercan y anuncian que han sido enviados para caminar
conmigo y contestar mis preguntas. Les digo que tengo
muchas preguntas. Uno de los ángeles, alto y de aspecto
noble, me sonríe. Cuando trato de hacer contacto ocular,
mira hacia otra dirección o hacia otro ángel. Me interroga,
“¿Cuáles son tus preguntas?” Le digo, “Me preocupan mucho
los que participan en los días de fiestas judías y celebran
esas costumbres antiguas. He leído y observado cómo se
visten, bailan y cumplen varios ritos. También tengo
preguntas acerca del código bíblico. ¿Será verdad que un
individuo puede buscar en la Biblia y hallar un mensaje
secreto en distintos pasajes?
Le hago otras preguntas, pero me interrumpe. El ángel dice,
“Como no entiendes ciertas costumbres bien fundadas en
varios estudios, encuentras que las cosas son distintas de
cómo crees que debieran ser. Si ciertos grupos quieren
celebrar un antiguo rito judío con cantos y danzas, no te
corresponde decir que es algo malo simplemente porque viste
cosas en un sueño contrarias a lo que ahora te estoy
mostrando son correctas. ¡El enemigo quiere que todos amen
y adoren a Dios a su manera!” Entonces añade, “Tocante al
código bíblico, hay mucho que se puede encontrar si uno tan
sólo saca tiempo para estudiar y buscarlo allí. Encontrarás
tantas verdades, desde lo más pequeño en la tierra hasta la
galaxia más grande en el universo.”
Entonces otro ángel dice, “Debes retroceder y escudriñar de
nuevo las cosas que has dicho. No comprendiste lo que se te
mostró. No comprendiste las cosas que dijiste respecto a
los versículos bíblicos, Joe Crews, y Doug Batchelor. Los
escritos de Elena White son en su mayoría cosas que ella
sentía. Y tú estás haciendo lo mismo ahora, ¿cierto?”
Creo que tengo mucho que aprender de ellos, pero me parece
que algo anda mal. Quiero mirarlos en los ojos, pero cada
vez que lo intento, miran en otra dirección.
De repente, me detengo y los miro cara a cara. Se voltean y
piden que siga caminando con ellos. Les pregunto, “¿Cómo me
llamo? ¿Cuál es mi nombre nuevo celestial? Quiero que me
digan el nombre que vi en mi sueño en la mesa en el cielo.
Quiero escuchar el mismo nombre que se me ha dicho antes.”
Uno de los ángeles se impacienta y dice, “El nombre no es
importante, y tenemos mucho más que compartir contigo.
Olvida todo ese asunto del nombre y sigamos adelante.” Miro
al otro ángel que siempre está hablando y le digo, “No, yo
no voy a seguir caminando hasta que me digan mi nombre
nuevo.” Me dice, “Bueno, pues, te lo diré. Sé que antes
hemos dicho que eres el atrevido.” Me sonríe y me
tranquilizo. Al mirarlo, me parece que todo anda bien.
Entonces comienza a decir un nombre que no reconozco. Miro
directo hacia arriba y clamo en alta voz, “¡Padre mío! En
el nombre de Jesús, ¡AUXILIO!”
Antes que pueda terminar de decir la palabra ¡AUXILIO!, el
cielo se abre como si se enrollara una alfombra.1
Rápidamente, muchos ángeles vienen y se paran delante de mí
para impedir que los primeros tres ángeles se me acerquen.
Varios tienen escudos y espadas brillantes que parecen ser
de oro puro. Entonces el ángel que anteriormente me ha
dicho que le llame “el Heraldo”, se aparece delante de mí.
Les pide a los ángeles con los escudos que ayuden a los
tres ángeles a apartarse de mí. Entonces les dice a los
tres ángeles que jamás se acerquen a uno de los que forman
“éstos son”. 2
El Heraldo me mira y sonríe de manera que se ven sus
hoyuelos. Miro sus ojos y veo gran amor y paciencia. Me
llama por mi nombre celestial (el nombre que deseaba
escuchar, pero sólo recuerdo durante un sueño). Me dice,
“Todo el cielo estaba observando y esperando que clamaras
pidiendo auxilio. Hemos estado esperando por ustedes, los
‘éstos son’, porque tienen una gran obra que hacer.”3
Todavía sonriendo, mi ángel dice, “¿Me permites tu mano
derecha otra vez? Le extiendo la mano derecha. Él la toma,
y siento paz y seguridad. Me dice, “Hay más que mostrarte.”
Ascendemos y pronto estamos en el pasillo que he visto en
sueños anteriores. Atravesamos la pared a un cuarto donde
hay mucha gente. Algunos no son importantes y otros, sí lo
son. Algunos no tienen mucha educación, y otros, sí. Muchos
trabajan en servicio a otros. No conozco a nadie.
Le pregunto al ángel, “¿Quiénes son estas personas?” Me
dice, “Observa atentamente.” Observo a un hombre que está
hablando. Está lleno de grasa desde la cabeza hasta los
pies. Parece que ha estado trabajando con un automóvil.
Habla como alguien sin educación, pero conocedor de asuntos
mecánicos. De repente, una luz desde lo alto lo rodea.
Pareciera que su gorro se ha encendido de fuego. El hombre
habla de nuevo, y puede hablar como alguien conocedor. Sale
y habla con muchos que se congregan alrededor. Les habla
del amor de Jesús, como tenemos que aceptarlo como nuestro
mejor Amigo, y como debemos aceptar y creer que Él murió
por nosotros. Mucha, mucha, mucha gente se reúne alrededor
y acepta a Jesús.
Volviendo a mirar al cuarto donde me encuentro, veo a otro
hombre. Sé que es un individuo que recoge basura y limpia
cuartos de baño. Carga escoba y trapeador. Tiene la espalda
doblada de tanto inclinarse para limpiar. La luz desciende
resplandeciente sobre él y parece que su cabello se
enciende. Suelta la escoba y el trapeador. Ahora sostiene
una Biblia y un libro del Espíritu de Profecía. Se endereza
su espalda y sale del cuarto. Muchos lo rodean y él
comienza a compartir cosas de la Biblia y el Espíritu de
Profecía.
Volteo y vuelo a mirar el cuarto. Veo a alguien que me doy
cuenta es un prisionero que ha hecho algo malo. Le pregunto
al ángel, “¿Todavía es prisionero, o ha sido puesto en
libertad?” Mi ángel me sonríe con tanta paciencia, me
aprieta la mano un poco y me dice, “Observa.” Una luz
celestial brilla sobre el prisionero y la parte superior de
su cabeza parece encenderse. Sale y comienza a hablar con
muchos otros vestidos como él. Muchos, muchos, muchos se
reúnen y lo escuchan. Muchos caen de rodillas clamando a
Jesús por el perdón de sus pecados.
Volteo y veo a un hombre con una pala en la mano derecha.
Calza botas pesadas de trabajo, cubiertas de lodo. Su cara
está sucia con señas de sudor. Una luz brilla desde lo alto
y su yelmo protector parece encenderse. Sale y comienza a
hablar. 4
Miro a mi ángel, el cual todavía me tiene de la mano, y le
pregunto, “¿Cuándo sucederá esto?” Salimos del cuarto y nos
paramos en el pasillo. Vuelvo a preguntar, “¿Cuándo
ocurrirá el evento que acabo de ver?”
Él me pregunta, “¿Qué es lo que crees que viste?” Le
contesto, “¿Acaso no fue el derramamiento del Espíritu
Santo?” Él me dice, “Ven.”
Me toma de la mano y me lleva a un cuarto grande que veo es
una panadería. Están haciendo el pan a mano. El ángel me
llama la atención a un área. Me pregunta, “¿Ves como esa
persona mezcla todos los ingredientes y amasa el pan? ¿Es
eso un pan?” Le contesto, “No”.
Me dice, Fíjate allá como el pan se asienta y se levanta, y
después lo vuelven a amasar. ¿Es un pan?” Yo le contesto,
“No.” Me dice, “Mira hacia allá. ¿Ves como el pan se ha
vuelto a levantar? ¿Es un pan?” “No,” le contesto. Me dice,
“Mira hacia allá. ¿Ves como están colocando los panes en el
horno? ¿Es un pan?” Le contesto, “No.” Me dice, “Mira hacia
allá donde están sacando el pan del horno. ¿Es un pan?”
“Sí,” le contesto.
Entonces me pregunta, “Pero, ¿se puede comer?” No estoy
seguro de lo que me está diciendo. Me sonríe, me aprieta la
mano, y dice, “Mira hacia allá. ¿Ves a alguien que toma el
pan ya fresco, lo rebana en tajadas parejas y rectas, y
entonces lo coloca dentro de una bolsa plástica? ¿Es ahora
un pan?” Le contesto, “Sí. Pero, ¿qué es lo que me quiere
decir? Me mira, sonríe y contesta, “Hay un buen olor aquí,
¿no es cierto?”
Salimos y de nuevo nos encontramos en el pasillo. Mi ángel
dice, “No es cualquier cosa el hacer pan.”5 Yo le digo,
“Tengo algunas preguntas.” 6 Me sonríe, sin soltarme la
mano, y dice, “Ven acá y nos sentaremos en este sofá. ¿Qué
es lo que deseas saber?” Le contesto, “Sé que me mostró
algo tocante a las personas que tenían trompetas sobre una
mesa y como habían hecho un monumento con el número 2012,
pero no lo entiendo. ¿Están equivocados en lo que están
haciendo, o están haciendo lo que Dios quiere que hagan?”
Mi ángel contesta, “¿Qué más deseas saber?” Le contesto,
“He leído de mucha gente que dice que uno puede buscar en
la Biblia y hallar mensajes ocultos para explicar las cosas
que están pasando hoy en día.” Me dice, “Dime las otras
preguntas.” Le hago más preguntas. Él dice, “El Gran
Consolador me ha enviado para que puedas enseñar a otros.
Ven, quiero mostrarte algo.”
Caminamos hacia la pared y estamos a punto de atravesarla,
pero él me detiene y me llama por mi nombre celestial. Me
dice, “Te tengo de la mano y no te voy a soltar. Te voy a
mostrar algo que debes compartir. Es importante que la
gente comprenda esto.”
Atravesamos la pared. En un salón grande varios grupos
están sentados estudiando y discutiendo detalles finitos.7
También discuten sobre la manera cómo debemos creer, cómo
lo que han hallado debe ser considerado la verdad, y cómo
pueden comprobar sus estudios. Utilizando computadoras
potentes, un grupo escribe palabras hasta que logran que
digan lo que ellos quieren. Otro grupo se arrodilla con
algo sobre la cabeza que parece un mantel. Argumentan sobre
lo que se les ha mostrado y claman, “¡Ay de la persecución
que estamos sufriendo! ¡Ay de nosotros!”
Le pregunto al ángel, “¿Por qué practica ese rito el grupo
que acabamos de ver? ¿Acaso era una costumbre de los días
cuando Jesús fue crucificado en la cruz?” Mi ángel me tiene
asido fuertemente de la mano y no dice ni una palabra.
Caminamos un poco más dentro del salón. Hay un grupo muy
pequeño de personas orando de rodillas. No discuten, sino
que oran, lloran y piden el perdón de sus pecados. Repasan
los eventos de sus vidas y tratan de recordar cualquier
pecado que necesita ser perdonado.8 Alrededor de este grupo
hay muchos ángeles arrodillados junto con ellos,
consolándolos y con el brazo derecho alrededor de ellos.
Mi ángel se voltea hacia mí y dice, “Ahora debo mostrarte
nuevamente lo que el Gran Instructor te mostró. Sé
valiente, seguro que yo no te soltaré. No temas, porque el
Gran Consolador me ha enviado para que tú enseñes a otros.
Aférrate a tu valor, seguro que yo no te soltaré. No debes
compartir los detalles de esto, pero sí puedes describirlo
en forma breve. Si das detalles en tu descripción, yo te
corregiré.”
Atravesamos una pared en el pasillo y observamos desde una
altura grande mientras varios eventos transcurren en la
tierra. Yo pregunto, “¿Ocurrirán estas cosas antes de la
ley dominical?” Él me contesta, “Esto se llevará a cabo
pronto.”
Observo que Dios permite que Satanás cause problemas sobre
la faz y debajo de la faz de la tierra. Muchas, muchas,
muchas ciudades caen. Perece un sinnúmero de gente. El
cielo se tuerce y mueve y muchos rayos de electricidad caen
sobre la tierra. Grandes objetos redondos golpean la
tierra, sacudiéndola. El agua cubre muchos edificios.
Mucha, pero mucha gente es destruida.9 Le pregunto al
ángel, “¿Acabará con todos?”10 Me aprieta la mano. La
tierra cesa de temblar, el viento hace que el polvo se
disipe, y el agua baja. La destrucción muestra cuánto nos
odia Satanás.11 En las calles, muchos comienzan a clamar en
alta voz, “¡Debemos confesar a Dios nuestros pecados!
¡Tenemos que demostrar que no somos malos! ¡Todos debemos
asistir a la iglesia cada semana!”
Mi ángel me lleva nuevamente al pasillo, me da una gran
sonrisa y dice, “Tengo una sorpresa para ti. Ahora debo
llevarte a un lugar más.” Caminamos al otro lado del
pasillo. Coloca su mano derecha contra la pared y suelta mi
mano derecha. Trato de tomar su mano, pero me sonríe y
dice, “No te preocupes. Así debe ser. Ha terminado nuestro
viaje de hoy, pero te volveré a ver pronto.” Le digo,
“Pero, tengo preguntas que necesitan respuesta.” Coloca su
mano izquierda sobre mi hombro y dice, “Atraviesa la
pared.” Le pregunto, “¿Viene conmigo?” Me contesta, “Sigue
siendo el atrevido.”
Atravieso la pared y llego a otro cuarto donde veo a Jesús
de pie. Me espera con los brazos abiertos. Corro hacia Él,
lo rodeo con mis brazos y clamo, “¡No quiero irme jamás!”
Se ríe y extiende su mano para enjugar mis lágrimas.12
“Sé que tienes muchas preguntas. ¿Acaso no envié al
Espíritu Santo para guiar y acompañarte?”13 Me llama por mi
nombre celestial y dice, “Ya te he mostrado mucho y te he
dado mucha confianza.14 Mi pueblo sabe que ya vuelvo, cosa
que les estás diciendo. Respecto a las preguntas que le
hiciste a mi Heraldo, ustedes deben prepararse como
recipientes limpios donde Yo pueda morar. He dicho, ‘Si
ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.’
“Muchas de las tradiciones de cuando yo estaba en la tierra
ya no son. El estudio de los ritos antiguos es una
estratagema de Satanás para mantenerlos en un sendero
equivocado. Ya te lo he mostrado. Lo único que pido ahora
es que me ames y obedezcas mis mandamientos.15 No lo he
hecho difícil de entender. No está escondido en mi libro.
Yo jamás escondería nada de quienes amo. Muchos están
perdiendo tiempo valioso escudriñando temas antiguos de los
siete truenos, cuando sería mejor dedicar ese tiempo a la
preparación para mi retorno. Satanás desea que pierdan
tiempo en estudios que no son importantes para su
preparación. Yo he dicho muy claramente que hay que
preparar un recipiente donde pueda derramar mi Espíritu.
Pronto derramaré mi Espíritu y habrá recipientes sucios. En
ellos no puedo morar. Ustedes deben permanecer en el
sendero y apoyar y rendir homenaje a aquéllos que hacen lo
que pido. Las cosas que le mandé a mi Heraldo que te
mostrara acontecerán, pero no hasta que Yo lo permita.”16
Entonces Jesús coloca sus manos sobre mis hombros y me mira
con esos ojos llenos de amor.17 Dice, “A aquéllos de los
“éstos son’, prepárense para ser un recipiente que mi
Espíritu puede llenar.18 Nuestro Padre espera esto.” Jesús
sonríe y siento mucha paz. Me acerco a Él y nuevamente
siento sus brazos alrededor mío. Le digo que quiero
quedarme allí con Él. Me abraza estrechamente, da un paso
hacia atrás y dice, “Pronto. Pero debes permanecer fiel a
Mí. Viviremos juntos por la eternidad.”19
1. Apocalipsis 6:14 El firmamento desapareció como cuando
se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas
fueron removidas de su lugar.
2. 2 Corintios 11:14 Y no es de extrañar, ya que Satanás
mismo se disfraza de ángel de luz.
Apocalipsis 16:13-14 Y vi salir de la boca del dragón, de
la boca de la bestia y de la boda del falso profeta tres
espíritus malignos que parecían ranas. Son espíritus de
demonios que hacen señales milagrosas y que salen a reunir
a los reyes del mundo entero para la batalla del gran día
del Dios Todopoderoso.
Isaías 8:20 ¡Aténganse a la ley y al testimonio! A quienes
no se atengan a esto, no les ha amanecido.
1 Juan 4:1 Queridos hermanos, no crean a cualquiera que
pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a
prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el
mundo muchos falsos profetas.
Proverbios 26:25 No lo creas, aunque te hable con dulzura,
porque su corazón rebosa de abominaciones.
3. Mateo 6:8 No sean como ellos, porque su Padre sabe lo
que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.
4. Joel 2:29 En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre
los siervos y las siervas.
Salmo 19:7 La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo
aliento. El mandato del Señor es digno de confianza: da
sabiduría al sencillo.
Hechos 2:2-4 De repente, vino del cielo un ruido como
el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa
donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas
lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre
cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y
comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el
Espíritu les concedía expresarse.
5. 1 Corintios 10:17 Hay un solo pan del cual todos
participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un
solo cuerpo.
2 Corintios 2:15 Porque para Dios nosotros somos el aroma
de Cristo entre los que se salvan y entre los que se
pierden.
6. Santiago 1:5 Si a alguno de ustedes le falta sabiduría,
pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios da a todos
generosamente sin menospreciar a nadie.
7. Mateo 23:24 ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito pero se
tragan el camello.
8. 1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es
fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda
maldad.
9. Apocalipsis 16:19 La gran ciudad se partió en tres, y
las ciudades de las naciones se desplomaron. Dios se acordó
de la gran Babilonia y le dio a beber de la copa llena del
vino del furor de su castigo.
10. Ezequiel 9:8 Y mientras mataban, yo me quedé solo, caí
rostro en tierra y grité: ¡Ay, Señor y Dios! ¿Descargarás
tu furor sobre Jerusalén y destruirás a todo el resto de
Israel?
11. Juan 8:44 Ustedes son de su padre, el Diablo, cuyos
deseos quieren cumplir. Desde el principio éste ha sido un
asesino, y no se mantiene en la verdad, porque no hay
verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza,
porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!
1 Pedro 5:8 Practiquen el dominio propio y manténganse
alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente,
buscando a quién devorar.
12. Apocalipsis 21:4 Él les enjugará toda lágrima de los
ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor,
porque las primeras cosas han dejado de existir.
13. Lucas 11:13 Pues ustedes, aun siendo malos, saben dar
cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial
dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!
14. 1 Tesalonicenses 1:5 Porque nuestro evangelio les llegó
no solo con palabras sino también con poder, es decir, con
el Espíritu Santo y con profunda convicción. Como bien
saben, estuvimos entre ustedes buscando su bien.
15. Juan 14:15 Si ustedes me aman, obedecerán mis
mandamientos.
Apocalipsis 14:12 ¡En esto consiste la perseverancia de los
santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se
mantienen fieles a Jesús!
16. Apocalipsis 7:1, 3 Después de esto vi a cuatro ángeles
en los cuatro ángulos de la tierra. Estaban allí de pie,
deteniendo los cuatro vientos para que éstos no se
desataran sobre la tierra, el mar y los árboles… “¡No hagan
daño ni a la tierra, ni al mar ni a los árboles, hasta que
hayamos puesto un sello en la frente de los siervos de
nuestro Dios!”
17. Proverbios 8:17 A los que me aman, les correspondo; a
los que me buscan, me doy a conocer.
18. Isaías 66:20 Y a todos los hermanos que ustedes tienen
entre las naciones los traerán a mi monte santo en
Jerusalén, como una ofrenda al Señor… Los traerán como
traen los israelitas, en recipientes limpios, sus ofrendas
de grano al templo del Señor.
19. Apocalipsis 21:3 Oí una potente voz que provenía del
trono y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la
morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos
serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su
Dios.”