Amor y
reprensión
12 de abril de 2008
por Ernie Knoll
Durante
los últimos dos meses he recibido mensajes electrónicos
aseverando que lo que mi ángel, el Heraldo, me ha estado
diciendo está equivocado. Me han aconsejado a no hacer caso
a lo que el Heraldo dice, y que debo pedirle a Dios que
envíe sus ángeles para llevarme a un lugar seguro. Me han
aconsejado que quite mi sitio en el internet. Se me ha
dicho que el Heraldo es un ángel de Satanás.
Varios me han aconsejado que debo “probar los espíritus”.
Se me ha aconsejado a seguir 1 Juan 4:1-3 donde dice:
Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar
inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver
si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos
profetas. En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu
de Dios: todo profeta que reconoce que Jesucristo ha venido
en cuerpo humano, es de Dios; todo profeta que no reconoce
a Jesús, no es de Dios, sino del anticristo. Ustedes han
oído que éste viene; en efecto, ya está en el mundo.
Como sabemos que un ángel de Satanás sólo puede contestar
que Jesús
no vino en
cuerpo humano, si el Heraldo dijera eso probaría que él es
un agente de Satanás que desea engañar a muchos.
Sin embargo, si el Heraldo contestase que Jesús
sí vino en
cuerpo humano, entonces eso significaría que yo no estoy
siendo engañado.
Teniendo en cuenta esos versículos, invité a algunos a
unirse conmigo en oración. Pedimos al Padre que si Él me
enviase otro sueño, que se me permitiera hacerle esta
pregunta al Heraldo. Esta mañana recibí el sueño siguiente.
En mi sueño yo había decidido hacer una caminata entre los
helechos y árboles secoya en la tranquilidad del bosque.
Iba caminando, meditando y orando que Dios me diese una
respuesta a los problemas que han resultado del sueño “Sé
firme”. Le dije al Padre que ha surgido mucha oposición. Al
andar, me parecía que Jesús estaba caminando junto a mí,
pero yo estaba completamente solo. Al seguir, disfrutaba
del olor de los secoya y noté que podía ver mi aliento en
la humedad fresca. Todo estaba tranquilo y silencioso.
Entonces vi una rama de árbol caída, atravesando el
sendero. Me esforcé por arrastrar y sacar esa rama del
camino para que otros que pasaran por ahí no encontraran
ese obstáculo. Seguí adelante, dando gracias a Dios por un
lugar hermoso donde caminar y anhelando nuestras caminatas
juntos en los bosques del cielo.
De repente vi que tres ángeles descendían lentamente frente
a mí. El primer ángel dijo, “No temas, porque hemos sido
enviados por el Padre que está en el cielo.” El segundo
ángel dijo, “Venimos proclamando Filipenses 2:5-11.” El
tercer ángel recitó:
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,
quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser
igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario,
se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo
y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al
manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo
obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios
lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está
sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se
doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de
la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el
Señor, para gloria de Dios Padre.”
Me llené de adoración absoluta, ¡una emoción tan grande!
Buscaba palabras, pero sólo pude exclamar, “Alabado sea
Jesús; gracias, Padre.” El primer ángel dijo, “Hemos sido
enviados para llevarte con nosotros.” Le pregunté al ángel,
“¿A dónde?” El ángel contestó, “Al lugar donde nuestro
Creador nos ha pedido que te llevemos. Por favor, ¿me das
tu mano derecha?” Entonces me di cuenta que iba a estar
seguro, porque lo que el ángel acababa de citar indicaba
que éstos eran ángeles de Dios y no de Satanás. Esos tres
ángeles acababan de cumplir con el criterio de cómo probar
los espíritus. Le extendí mi mano derecha y ascendimos
rápidamente. Viajamos muy velozmente. Sus alas parecían ser
de pura luz.
De repente nos acercamos a un edificio grande con dos
grandes puertas de madera. Mientras un ángel me tenía asido
de la mano, los otros dos ángeles se apresuraron a
adelantarse. Cada uno tomó una manija y abrió una puerta.
Mi ángel y yo volamos a través de la abertura y a lo largo
de un pasillo largo. Al final vi otras dos puertas.
Nuevamente, los otros dos ángeles nos pasaron volando y
abrieron las puertas. Entramos a un salón y nos detuvimos
por completo. Al mismo frente del salón vi una baranda que
corría desde la izquierda hasta la derecha del salón.
Detrás de la baranda había muchas personas que estaban allí
para observar y escuchar. Al frente de la baranda y al lado
derecho del salón, había tres individuos—una mujer y dos
hombres. Pude reconocer a dos por una foto que había visto
anteriormente. No reconocí al tercero, pero sabía quién
era. Uno tenía un letrero en la mano que decía, “El Heraldo
proviene de Satanás.” La mujer se puso de pie y proclamó
con orgullo, “Yo he estudiado y sé todo lo que hay que
saber. Tengo todas las respuestas y yo corregiré tus
errores. Sólo debes escuchar lo que yo digo.” El tercer
hombre, el que no reconocí, estaba contando dinero. Le oí
decir, “Todo el dinero le pertenece a Dios y debe ser
guardado sólo en mi alfolí.”
Yo estaba solo, parado al lado izquierdo. Frente al sitio
donde estaba había un estrado y encima yacía una Biblia muy
grande con letras muy grandes. El Heraldo se paró en el
medio del salón mirándonos a nosotros. Los tres ángeles que
me escoltaron hasta ese lugar fueron rápidamente a
colocarse, uno a la izquierda, uno a la derecha, y el otro
directamente detrás del Heraldo. Noté que el Heraldo era un
poco más alto que los otros tres ángeles. Varios ángeles
vestidos de batalla entraron al salón y se pararon a la
derecha y a la izquierda del salón.
Entonces oí una voz que venía desde arriba cuyo sonido
parecía una catarata tronando, un riachuelo fluyendo
tiernamente y un chorro tranquilo de agua, todo
simultáneamente. La voz dijo, “Pide que todos puedan ver a
quién sirve mi Heraldo.”
El Heraldo tomó un paso adelante. Yo miré hacia la Biblia,
cuyas hojas inmediatamente se abrieron solas a 1 Juan 4. Me
fijé allí y en voz alta leí los versículos 1, 2 y 3.
Entonces volví a mirar al Heraldo. Aunque él no sonreía, su
semblante demostraba serenidad y su porte era humilde. Él
dijo, “Esta es una pregunta que muchos no comprenderán si
la contesto rápidamente. Muchos dirán que es demasiado
vaga. Muchos dirán que no les fue explicada lo suficiente
para que la pudieran aceptar. Por favor, permítanme
decirles con gran detalle para que ninguno dude, sino que
todos reconozcan a quién sirvo yo. Lo hago para que todos
prosigan, como un solo hombre, a hacer la obra que tenemos
por delante.” El Heraldo hizo una pausa de unos segundos,
miró hacia arriba, entonces me miró a mí y dio un vistazo
hacia los tres individuos que estaban de pie al lado
derecho del salón.
Entonces el Heraldo dijo, “Yo observé cuando Lucifer
discrepó con el Padre en el cielo y quería ser igual a
nuestro Creador. Observé cuando Lucifer y muchos de sus
seguidores fueron echados a la tierra. Yo vi cuando Lucifer
llevó el pecado al mundo. Observé cuando el Padre, el Hijo
y el Espíritu de Dios presentaron un plan para salvar a sus
seres creados. Yo observé cuando fue decidido que Jesús
iría a la tierra como un ser creado. Él, el Creador,
llegaría a ser uno de los creados. Advertí cuando Jesús,
nuestro Creador, se despidió del Padre y el Espíritu Santo
lo colocó a él cual semilla en la matriz. Fue colocado en
una matriz pura, sin contaminación, una que jamás había
sido tocada.
“Escuché el silencio en el cielo porque el Creador ya no
estaba sentado en el trono junto al Padre. Advertí al Padre
mirar y hallar vacío el trono junto al suyo. Vi al Padre
anticipar el día cuando se le devolvería a su Hijo. Sin
embargo, vi el amor tan grande que tenía el Padre, que
permitió que su único Hijo cediera su lugar en el trono y
se convirtiera en un Ser creado. Jesús, el Creador, se hizo
un ser humano. Se convirtió en lo que había sido creado en
su imagen de Él. Es más, Jesús no sólo iría como un hombre
como Adán, sino que Jesús vino como Adán en pecado. Jesús
no vino con propensión al pecado. Jesús pudiera haber
pecado, pero no lo hizo. Advertí cuando nuestro Creador
crecía en esa matriz virginal. Vi que llegó el día, y nadie
le daba un lugar donde poder nacer. Mientras todo el cielo
y todo el universo anticipaban el nacimiento del Creador,
lo vi tornarse en un ser creado. Advertí que muchos
protegían al Niño, cuyo nombre sería Emanuel. Vi a ese Niño
crecer y aprender a caminar. Observé cuando ese Niño se
caía y lastimaba. Cuando muchos de nosotros anhelábamos
recoger a nuestro Creador para que no se cayera ni
lastimara, noté que nuestras manos fueron detenidas.
“Observé el día cuando fue bautizado y el Espíritu Santo
descendió sobre Él. Lo vigilé mientras enseñaba. Vi a
muchos aceptarle. Noté que muchos eran sanados, veían
milagros divinos, dejaban todo y le seguían. Vi que muchos
eran enviados de las cortes celestiales para cuidarlo
constantemente. Observé cuando fue enviado al desierto,
donde Satanás trató de tentarlo. Yo aguardaba una señal
para librarlo, pero el Padre detuvo toda mano salvadora. Yo
vi cuando fue capturado y lo acusaban aquéllos que eran
presionados por agentes malignos, deseando destruir al Hijo
de Dios. Yo estaba en alerta, listo para librar a mi
Maestro de aquéllos que le pegaban. Observé cuando sus
seres creados lo acostaron sobre una cruz y martillaron los
clavos. Clavaron a mi Creador, a mi Maestro. Yo vi cuando
alzaron la cruz y la dejaron caer dentro del hueco en la
tierra. Vi cuando se burlaban de Él, el Creador del
universo, y le empujaron sobre la cabeza una corona hecha
de un arbusto espinoso. Advertí cuando el Padre ya no pudo
mirar esa escena y apartó la vista cuando su Hijo murió. Yo
vi cuando Jesucristo de Nazaret, nacido de una virgen,
nacido como un hombre creado, tornó sus ojos hacia el Padre
y dijo, ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.’
Observé cuando fue colocado en la tumba y el sitio de su
descanso vigilado durante el sábado. Vi cuando la piedra
sobre la tumba fue removida. Yo vi a mi Creador salir
victorioso sobre Lucifer. El Maestro había completado el
plan para salvar a sus seres creados.
“Me preguntan si yo confieso que Jesucristo vino en carne
humana. De pie ante mi Creador, ante el Padre, el Espíritu
Santo y todos sus seres creados a través del universo, doy
mi testimonio, atestiguando todo lo que yo he visto.
Abiertamente y sin reserva alguna declaro con mi voz: Sí,
Jesucristo, Hijo del Padre, vino en carne humana.”
De repente vi que los tres ángeles que habían estado de pie
a la derecha, izquierda y directamente detrás del Heraldo,
volaron hacia arriba como si fueran disparados. Sus alas
parecían luz a alta velocidad. Los vi subir hacia arriba y
a la distancia como si fueran tres rayos de pura luz. Miré
cuando regresaron de la misma forma, cada uno trayendo una
tableta de vidrio transparente. Cada uno se acercó al
Heraldo y, uno a la vez, le entregaron una tableta de
cristal. Él recibió las tabletas y las colocó una encima de
la otra. Las tres tabletas se tornaron en una sola.
El Heraldo tomó un paso adelante y dijo a todos,
“Comprendan que yo soy el Heraldo. Soy un mensajero de
Dios. Como he dicho antes, mi nombre verdadero no es
importante. Soy simplemente un mensajero. El nombre que
debe ser invocado es el nombre de Jesús. Ése es el nombre
que todos debieran llevar en sus labios. Ése es el nombre
que todos debieran cantar y alabar. Él ha puesto en mis
manos un mensaje para todos. Es un mensaje de amor, pero
también es un mensaje de reprensión. Es un mensaje de amor
y reprensión. Voy a leer lo que Él ha enviado y depende de
ustedes recibir la reprensión y andar en la luz que ha sido
dada. Si ustedes que son suyos están dispuestos a recibir
el testimonio que acabo de compartir, como también los
mensajes que Dios ha enviado a su siervo que está de pie
aquí, deben reconocer que estos mensajes provienen de
Dios.”
Entonces el Heraldo vino y se paró frente a mí. Me dijo,
“Todos los mensajes que Dios te ha dado y que se han
escrito y compartido, provienen de Él, y tú debes seguir
compartiéndolos en el sitio del internet. Hiciste mal en
compartir tu respuesta respecto al diezmo con algunos que
tenían preguntas sobre el sueño, ‘Sé firme.’ Debes
comprender que tanto tú, como yo, sólo somos mensajeros. Te
fue dicho que si ellos no comprendían, tú SOLAMENTE debías
decirles que llevaran sus preguntas a Aquél que tiene las
llaves del Gran Alfolí. Hiciste mal al compartir tus
estudios. ¿Cómo van los demás a aprender y a depender de
Dios si tú estudias por ellos? ¿Cómo van a aprender a tener
una relación íntima con el Padre si tú no les permites
orar? Cada uno debe llevar sus preguntas y reservas al
Creador. Cada uno debe aprender a quedar en pie
individualmente ante el Padre.”
Entonces el Heraldo dio un paso hacia atrás y caminó al
centro del salón. Extendió las tres tabletas como una sola
y dijo, “Éste es un mensaje para todos los que deseen
aceptar y estén dispuestos a escuchar.” La tableta dice,
“El que está montado debe bajar y postrarse ante Jehová de
los ejércitos, el Creador del universo, el que vino para
ser una criatura. Inclínense ante su Maestro y confiesen
sus pecados para que todos oigan de su rebelión. Se envió
un mensaje a un mensajero escogido, y ustedes negaron el
oído de su Señor y convencieron a otros a rechazarlo.
Arrepiéntanse ahora y pidan perdón para que el Padre los
escuche y torne su rostro hacia ustedes. Pidan esto por
medio y en el nombre de su Hijo. Arrodíllense, confiesen
sus pecados para que no se sequen los ríos y corrientes y
no muera el caballo que bebe, para que no caminen por la
faz de la tierra y cada oído se aparte de ustedes, y las
palabras que hablan caigan como piedras de sus bocas.
Arrepiéntanse para que el Señor Jehová no los vomite de su
boca, cual agua de mar ardiente.
“El que tiene las llaves de la caja fuerte debe
arrepentirse del mal que ha hecho y hablado contra Mí y mi
siervo. Póstrese ante el Maestro Fabricante de Llaves y
pida perdón y no ande más en el camino de sus errores. Debe
confesar ante todos por haber tergiversado lo que él sabía
que era cierto, tal como se le ha mostrado. Debe confesar
ante todos para que las llaves no le sean quitadas de la
mano de un golpe y colocadas en las manos de otro.
“Ese individuo, por haber hablado errores, debe humillarse
ante el Señor de la verdad. Debe reconocer que ha andado
orgulloso, jactancioso, y pedir humildad. Ese individuo
debe reconocer su falta de usar una lengua que habla en
contra de la verdad, para que esa lengua no sea cortada y
ande mudo por la tierra.
“Todos los que han hablado mal contra el mensaje y el
mensajero que he enviado deben postrarse ante el trono de
Dios. Pidan perdón en el nombre de su Hijo. Admitan su
falta, tomen su cruz y sigan el sendero de Jesús. Hagan
esto antes que se cierre el libro y sus nombres no queden
escritos en el libro.”
Ahí terminó mi sueño. Creo que para todos los que queremos
andar con Dios, es importante atenerse al consejo que se
nos ha dado.
Para terminar, únanse conmigo leyendo las palabras de
Proverbios 1:22-31.
“¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos, seguirán aferrados a
su inexperiencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los insolentes, se
complacerán en su insolencia? ¿Hasta cuándo, ustedes los
necios, aborrecerán el conocimiento? Respondan a mis
reprensiones, y yo les abriré mi corazón; les daré a
conocer mis pensamientos. Como ustedes no me atendieron
cuando los llamé, ni me hicieron caso cuando les tendí la
mano, sino que rechazaron todos mis consejos y no acataron
mis reprensiones, ahora yo me burlaré de ustedes cuando
caigan en desgracia. Yo seré el que se ría de ustedes
cuando les sobrevenga el miedo, cuando el miedo les
sobrevenga como una tormenta y la desgracia los arrastre
como un torbellino. Entonces me llamarán, pero no les
responderé; me buscarán, pero no me encontrarán. Por cuanto
aborrecieron el conocimiento y no quisieron temer al SEÑOR;
por cuando no siguieron mis consejos, sino que rechazaron
mis reprensiones, cosecharán el fruto de su conducta, se
hartarán con sus propias intrigas.”