Sólo hay un lugar donde quiero estar
por Ernie Knoll
18 de agosto de 2007
Anoche
no le mencioné a Becky que me sentía desanimado a causa de
algunas “flechas y dardos” que he recibido y que necesitaba
ánimo y afirmación de parte de Dios respecto a mis sueños.
Toda la tarde y aun después de acostarme había estado
orando en silencio diciéndole a Dios cómo me sentía. Le
rogaba que de alguna manera me afirmara de nuevo respecto a
mis sueños. Sé que Dios me dio este sueño no sólo para
mostrármelo a mí, sino a todo su pueblo.En mi sueño, Becky
y yo estamos en una iglesia pequeña. Tiene un pasillo por
el medio. Hay unas pocas ventanas y el cielo raso no es muy
alto. Noto que los aparatos de alumbrado casi parecen
pequeños candelabros. La iglesia tiene muy pocas bancas
vacías. Sólo hay tres hombres en la plataforma. Sé que dos
son ancianos, y el que se sienta en el medio es el pastor.
El pastor es un hombre de edad avanzada, no muy alto, pero
con siempre está sonriendo y lo rodea una atmósfera de paz.
En la pared detrás de los tres hombres hay una pintura de
Cristo cuando estaba de rodillas en el Getsemaní.Uno de los
ancianos se pone de pie para presentar una música especial,
el hermano D y la hermana M. Los observo mientras caminan
hacia el piano. El hermano D viste traje completamente
blanco, con una camisa blanca y corbata blanca. La hermana
M lleva un vestido a la antigua, largo, blanco, con mangas
largas.El hermano D habla a la congregación. Comienza
diciendo que a veces todos nos sentimos como si
estuviésemos caminando en la playa solos. A veces todos nos
sentimos como si estuviésemos caminado solos por un sendero
rústico. A veces todos nos sentimos como si estuviésemos
solos, escalando una montaña a lo largo de un sendero
rocoso. La hermana M dice que aunque luchamos en nuestros
pensamientos y nos desanimemos cuando nos lanzan palabras
crueles, cuando nos señalen con el dedo y digan chismes
acerca de nosotros…el hermano D dice que todos tenemos un
camino que andar, un sendero rocoso que escalar. La hermana
M dice que todos podemos escuchar cuando dicen palabras
airadas y se difunden chismes dañinos. Entonces el hermano
D dice que sólo hay un lugar donde debemos estar.
Ahora la hermana M invita a la congregación a tomar el
himnario que está en la banca y que lean mientras todos nos
esforzamos por estar “Más cerca, oh Dios, de ti”. Cuando el
hermano D comienza a tocar el piano y la hermana M el
violín, una reverencia silenciosa se siente en el
santuario. Muchos toman el himnario y leen mientras ellos
tocan. Cuando comienzan la segunda estrofa, muchos
silenciosamente cierran el himnario y lo devuelven a la
banca. Entonces se arrodillan en oración mientras la música
continúa. Muchos que luchan con su condición con Dios
lloran mientras oran.
MÁS
CERCA, OH DIOS, DE TI
Más cerca, oh Dios, de ti quiero morar
Aunque sobre una cruz me hayan de alzar.
Entonaré allí este himno con fervor
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Si cual viajero voy con ansiedad,
Medroso al ver cerrar la oscuridad,
Aun en mi soñar me harás sentir que estoy
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Después, al despertar, a ti por fe
De mi aflicción altar elevaré;
Y cuanto sufro aquí me hará sentir que estoy
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Camino encuentro aquí que al cielo va,
Pues sé que allí tu amor me sostendrá.
Cercano sentiré el ángel del Señor,
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.
Y cuando a tu mansión me llevarás,
Y estrellas, luna y sol yo deje atrás,
Gozoso entonaré canción eterna allí:
Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca, sí.