¡Pedir a Dios protección!
por Ernie Knoll
25 de octubre de 2007
Lo que
aparece a continuación es parte sueño y parte
realidad.
Favor de tener en cuenta que es posible que esto no sea
apropiado para niños pequeños o los que son muy
sensibles.
Mi esposa, Becky, y yo estamos en un motel durante un viaje
para relatar los sueños. Es en las horas de la madrugada.
En mi sueño se me está torturando. Estoy sufriendo dolores
espantosos. Me despierto y encuentro que tengo los brazos
aprisionados detrás de mi cabeza y mis piernas están
sujetadas por los muslos y los pies. Me siento como si
tuviese una mano metida dentro de la garganta que me impide
hablar. Sin embargo, puedo respirar por la nariz. Entonces
siento una presión intensa sobre el pecho, lo cual hace
difícil la respiración. Todavía siento el dolor tremendo y
quiero gritas, “¡Jesús, ayúdame!” Pero no puedo hacerlo. Mi
cuerpo comienza a temblar de pies a cabeza por el dolor
extremo que estoy sufriendo. Me parece que no voy a salir
vivo de esto. Después de unos momentos, Becky se despierta
y me pregunta, “¿Qué pasa? ¿Por qué se mueve la cama?
¿Estás bien? ¿Quieres que clame al nombre de Jesús?”
Entonces pude hablar y decirle que quisiera que ella se
hubiera despertado antes para que me pudiera haber salvado.
Le digo que se vuelva a dormir y me quedo despierto un buen
rato.
Al amanecer, le expliqué a Becky el incidente. Ambos nos
dimos cuenta de la importancia de suplicar a Dios no sólo
que nos envíe ángeles para protegernos, sino también que
aparte los ángeles malignos de día y de noche. Ahora
disfrutamos de un sueño mejor del que hemos tenido en mucho
tiempo. También nos dimos cuenta que el sueño de la
Librería Adventista de la noche anterior mostraba el libro
del Espíritu de Profecía, El Conflicto de los siglos.
Comprendemos cuánto odia Satanás ese libro y los mensajes
que el Señor está enviando. A continuación aparece una
historia de cómo Satanás atacó a Elena de White antes de
comenzar a escribir El Conflicto de los siglos.
Ataque
de Satanás: “El
lunes comenzamos nuestro viaje de regreso al hogar….
Mientras viajábamos en los vagones, hicimos nuestros planes
para escribir y publicar el libro llamado El Conflicto de
los siglos inmediatamente después de llegar a casa. En ese
entonces yo estaba tan bien [de salud] como siempre. Cuando
el tren llegó a Jackson, fuimos a [la casa del] Hno.
Palmer. Sólo habíamos estado en la casa un corto tiempo
cuando, durante mi conversación con la Hna. P, mi lengua
rehusó pronunciar lo que yo quería decir, y me parecía
grande y entumecida. Una sensación extraña, fría me cayó al
corazón, pasó sobre mi cabeza y a lo largo del lado derecho
de mi cuerpo.
Estuve sin sentido un rato, pero desperté, gracias a la voz
de la oración ferviente. Traté de usar mi pierna y brazo
derechos, pero estaban completamente inútiles. Durante un
corto período de tiempo, yo no pensaba que iba a vivir. Por
varias semanas no pude sentir la presión de una mano, ni el
agua más fría vertida sobre mi cabeza. Con frecuencia
tambaleaba al levantarme para caminar, y a veces caía al
piso. En esa condición comencé a escribir El Conflicto de
los siglos. Al principio sólo lograba escribir una hoja al
día, entonces descansaba tres. Sin embargo, al progresar,
mis fuerzas fueron aumentando. El entumecimiento de mi
cabeza no pareció turbar mi mente y antes de terminar la
obra, el efecto de la parálisis había pasado
completamente.”
3SM (Mensajes Selectos, tomo 3), pp. 99-100 [Traducido]
Efesios
6:12 “Porque
nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra
poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan
las tinieblas de este mundo, contra fuerzas espirituales
malignas en las regiones celestiales.”
“Dios no puede utilizar a hombres quienes, en tiempos
peligrosos, cuando se necesitan la fuerza, valor e
influencia de todos, temen tomar un paso firme por la
verdad. Él pide hombres que luchen fielmente contra el mal,
que luchen contra poderes y autoridades, contra las
potestades de las tinieblas de este mundo, contra las
fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.
Es a tales como éstos a quienes dirá: ‘Bien hecho, buen
siervo y fiel… Entra en el gozo de tu Señor.’” RH (La
Revista adventista), 11 septiembre 1913.