La Librería Adventista (ABC)
por Ernie Knoll
24 de octubre de 2007
En mi
sueño, estoy en un pasillo con el ángel conocido como el
Heraldo. Me está diciendo que fue enviado para mostrarme
algo que es patente para algunos, pero a lo cual que otros
están ciegos. Me llama por mi nombre celestial y me pide la
mano. Le extiendo mi mano derecha y me dice, “Ven conmigo,
por favor.” Caminamos a través de una pared y rápidamente
descendemos a la tierra. Al acercarnos al suelo, observo
cómo sus alas se doblan y doblan y vuelven a doblar y,
entonces, desaparecen en su espalda. Entonces noto que su
semblante cambia y ya no lo reconozco. Sonríe, me llama por
mi nombre celestial y dice, “No temas; soy yo, el Heraldo.”
Ahora está vestido de ropa común y tiene las mismas
imperfecciones físicas que tiene el ser humano. Me dice que
debe mostrarme algo.
Comenzamos a caminar por una acera cuando noto que estoy
frente a una Librería Adventista (ABC). Me mira nuevamente,
como para volver a confirmar que él es el Heraldo, me llama
por mi nombre celestial y dice, “Observa y entiende.” Él
abre la puerta y entramos. Uno de los empleados nos saluda.
Comenzamos a caminar por la tienda y el Heraldo me señala
ciertas cosas. Me muestra ciertos libros de historietas en
los estantes y dice, “Éstos no debieran estar aquí. Al
Padre le desagrada que estos libros estén en su casa de
estudio.” Vamos hacia el área para los niños. Me señala
libros y artículos que no concuerdan con lo que se muestra
en La conducción del niño. Dice, “Si los padres tan sólo
leyesen El hogar cristiano y La conducción del niño,
comprenderían.”
Entonces caminamos a la sección donde están los CD, los DVD
y la música. El Heraldo me señala al rótulo sobre la
presentación. Dice: “Tonadas actuales para los tiempos
actuales. Escucha las tuyas.” Me mira y menea la cabeza.
Dice, “Nada inspirador, sólo para entretener.”
Luego vamos a la sección donde están las Biblias. Me
muestra las distintas versiones. Entonces extiende la mano,
empuja y aparta todas las Biblias de una versión. Yo
extiendo mi mano y recojo una de las Biblias que quedaron
solas. La tapa dice: “Santa Biblia” y “Versión King James”.
Me mira y dice, “Esto no necesita aclaración.”
Seguimos a otro pasillo y vemos todos los libros del
Espíritu de Profecía. El Heraldo me mira y dice, “Fíjate
bien.” Esos libros están polvorientos, envueltos con un
plástico viejo y amarillento. Toma un libro, sopla para
quitarle el polvo y le quita las telarañas. Entonces lo
voltea para que yo lo vea. La tapa dice, El conflicto de
los siglos.
De repente un empleado se acerca y pregunta, “¿Puedo
servirles en algo?” No es la voz de alguien que desea
ayudar, sino como diciendo, “¿Qué se creen que están
haciendo?” Mi ángel mira al empleado y le contesta, “Sí.
¿Tienen el libro, Concesión paulatina (Creeping
Compromise)?” El empleado contesta, “No, pero tenemos unas
novelas muy buenas. Están muy de moda.” El Heraldo dice,
“Quisiéramos saber si tienen el libro titulado Concesión
paulatina, por Joe Crews.” El empleado se ve frustrado.
Contesta, “Venga conmigo. Vamos a ver si hallamos un
ejemplar en el área del muelle denominada ‘a nadie le
interesa’.
Lo seguimos hasta la parte trasera de la tienda. Allí le
pregunta al encargado del muelle si ha visto algún ejemplar
de Concesión paulatina. El encargado del muelle responde
que hace mucho tiempo que no tienen ese libro en
existencia. Se acerca el gerente y le pregunta al empleado
qué es lo que busca. Cuando descubre lo que es, nos dice,
“Ese libro no le interesa al público. Tenemos algunas
novelas excitantes que acaban de llegar. ¿Desean verlas?”
El Heraldo responde, “No. Ya he visto suficiente.” Me mira
y dice, “Nos vamos por ahora.”
Salimos afuera y comenzamos a caminar por la acera. Damos
algunos pasos y nos detenemos. Mi ángel pone su mano
derecha sobre mi hombro y dice, “Dios observa todo.” Me
dice que esté atento.
Veo a un hombre que no conozco, pero percibo que es un
Adventista del Séptimo Día, bien cimentado en la Biblia y
el Espíritu de Profecía. Nos pasa y entra a la Librería
Adventista. En pocos momentos todos los empleados salen de
la Librería Adventista llevando sus pertenencias
personales. Cuando sale el gerente y nos pasa le pregunto
qué pasó. Me contesta, “A todos se nos dijo que ya no se
requieren nuestros servicios.”
Entonces el Heraldo me dice que mire hacia arriba. El cielo
se desenrolla y descienden ángeles con alas que se doblan,
doblan y se vuelven a doblar. Entonces, sus semblantes
toman forma humana. Mi ángel y yo rápidamente seguimos a
ese grupo pequeño hacia la Librería Adventista. Observo
mientras el hombre adventista les instruye a los ángeles
‘empleados’ que coloquen cajas vacías en una carretilla y
que coloquen ciertos libros dentro de las cajas.
Mientras se ocupan con esa tarea, el hombre adventista le
dice a uno de los ángeles ‘empleados’ de tamaño más grande,
“Por favor, saque eso.” Señala la sección donde están los
CD, los DVD y la música. Mientras observo, el ángel grande
va, rodea toda la exhibición con sus enormes brazos y
fácilmente la arranca de la pared. Lo seguimos hacia el
muelle, donde hay un volquete grande. Echa todo adentro y
me sonríe mientras presiona un botón al costado del
volquete. Sigue sonriendo mientras que el volquete,
equipado con compresor y picador internos, tritura todo y
lo comprime. Sigue sonriendo todo el tiempo que la máquina
está aplastando y triturando los CD y DVD. Volteo y veo
ángeles haciendo fila. Traen carretillas cargadas con cajas
llenas de libros. El ángel grande recoge una caja pesada de
libros y la tira al volquete. Sigue sonriendo mientras los
libros son triturados.
El Heraldo y yo volvemos a la tienda donde vemos al hombre
adventista en uno de los pasillos. Está de rodillas,
limpiando y despolvando libros. Al aproximarme noto que es
el área donde están los libros del Espíritu de Profecía.
Amorosamente saca cada libro del estante, le quita la
envoltura plástica vieja y amarillenta, y lo vuelve a
colocar en el estante. Luego, los ángeles colocan una gran
variedad de libros del Espíritu de Profecía en los estantes
vacíos.
Mi ángel y yo vamos a la sección donde están las Biblias y
ahora sólo vemos la versión King James. Los ángeles están
colgando estandartes. Uno dice, “Estudia como si fuera tu
examen final.” Otro dice, “¿Quieres respuestas?” El ultimo
dice, “Él es el Verbo, el Autor, la Verdad y la Vida.”
Ahora, mi ángel y yo nos dirigimos a la sección donde
estaban los CD, los DVD y la música. En su lugar hay un
estante con himnarios. Vamos a otro pasillo donde vemos
hileras del libro Concesión paulatina. Al mirar alrededor,
veo una Librería Adventista llena de lo que el Señor
quiere. El Heraldo me señala muchos otros libros que Dios
desea que estén en su “casa de lectura.”
Ahora la tienda está llena de clientes. Los ángeles
trabajan pacientemente con ellos, contestan sus preguntas y
les muestran la información que necesitan. Un ángel se
sienta con los niños y les hace un relato bíblico. Mientras
otros ángeles muestran distintos libros del Espíritu de
Profecía, los clientes se interesan mucho en lo que se les
está mostrando. Siguen entrando clientes nuevos a la
Librería Adventista.
Nota:
No todos
los libros, CDs y DVDs fueron desechados. Libros, CDs y
DVDs de autores inspirados permanecieron allí. Solamente
los artículos no inspirados fueron destruidos. El mostrador
que el ángel arrancó de la pared contenía artículos que no
deben estar en la Librería Adventista.