La sala de correo
por Ernie Knoll
24-27 de julio de 2007
Este
sueño fue dado en cuatro partes. Cada noche el sueño
contenía una repetición del sueño de la noche anterior.
En mi sueño, me encuentro mirando lo que parece ser un gran
sala de correo. Veo mucha gente sentada ante mesas y
llenando sobres con material. Observo con más detenimiento
y veo que están colocando una Biblia y un libro titulado,
Espíritu de Profecía dentro de los sobres. (Este libro
representa todos los libros del Espíritu de Profecía por
Elena G. White.) También el sobre contiene un pedazo de
papel azul que dice, “¿Estás listo? Jesús viene pronto.”
A mi derecha está un capataz que lleva puesto un casco de
construcción muy blanco con rayas doradas y plateadas. Me
señala hacia la izquierda donde hay muchas mesas cargadas
de Biblias, libros del Espíritu de Profecía y esa hoja de
papel azul para ser colocados en los sobres. Entonces me
dice que mire hacia el gran reloj en la pared. El reloj
marca las 2:00 p.m. El capataz dice que hay muchos sobres
por llenar y que sólo faltan algunas horas para que termine
la semana laboral. Me explica que antes de clausurar hay
que llenar todos los sobres y ponerlos en las manos de la
gente. Miro a los trabajadores y noto su aspecto cansado.
Sin embargo, todos sonríen y continúan con la tarea que se
les encomendó.
Miro hacia a la derecha y veo a muchos colocando los sobres
en ranuras del correo. Cuando se llena una ranura, otro
trabajador coloca los sobres en una bolsa de correo con
destino a esa localidad. Más hacia la derecha veo muchas
bolsas de correo llenas y listas, pero hay pocos encargados
de envío para cargar los camiones.
El capataz me dirige a la sala de control y me muestra en
un mapa todas las áreas donde estos paquetes deben ser
entregados rápidamente. Al observar el mapa, tal parece que
la tarea jamás se va a completar al paso que va. Me dirijo
al capataz y le pregunto si no se debería obtener más
ayuda. Responde que algunos dijeron que ayudarían.
Llegaban, trabajaban un par de horas y se iban porque
tenían otras cosas que hacer. Algunos creían que ya habían
hecho todo lo que debían que hacer.
Entonces el capataz me dirige a una ventana y me dice que
habían puesto avisos pidiendo ayuda. Al mirar por la
ventana veo que no hay nadie para ayudar. Me dice que son
muy pocos los que creen que estos sobres con su contenido
deben ser enviados. Muchos piensan que ya se ha hecho lo
necesario y que no hace falta enviar más sobres. Tienen
dudas respecto al proyecto y dicen que no es necesario
enviar los tres elementos. El capataz dice que otra
compañía está enviando los sobres, pero sin Biblia,
Espíritu de Profecía ni el mensaje que Jesús viene.
Menciona que están enviando libros de otro autor.
El capataz me guía a través de este gran almacén hasta que
llegamos afuera. Señala hacia arriba y dice que solamente
hay Uno que puede suplir todas nuestras necesidades. Mira
hacia arriba y dice: “Padre, los trabajadores son pocos y
el trabajo es mucho.” De repente, observo como el cielo se
divide en dos y ángeles con alas grandes comienzan a
descender desde lo alto. Mientras miro, me siento abrumado
de ver todos esos ángeles descender. Al aterrizar observo
cómo sus alas se doblan y siguen doblándose hasta que
desaparecen en sus espaldas. En lo que miro, los ángeles se
transforman en trabajadores para el almacén. Algunos son
jóvenes, otros son mayores; algunos son hombres y otros
mujeres. Todos sonríen mientras se ponen en fila para
entrar al almacén.
Ahora el capataz me lleva de regreso al almacén. Miro
alrededor y todos están contentos y sonrientes. No puedo
distinguir los ángeles de los seres humanos. Las pilas de
Biblias, libros del Espíritu de Profecía y los papeles
azules han desaparecido. El trabajo de llenar los sobres ha
terminado. Los que colocaban los sobres en las ranuras
terminaron. Miro hacia donde se llenaban las bolsas de
correo y ya no hay más bolsas. Muchos están terminando de
cargar el último camión y están cerrando su puerta trasera.
Me dirijo al capataz y le pregunto: “Siendo que ya se cargó
la última bolsa de correo en el camión, ¿vendrá la
destrucción y entonces regresará Jesús?” El capataz voltea
y pide que uno de los trabajadores le traiga el otro casco
suyo de construcción. Al acercarse el trabajador al
capataz, inclina su cabeza y le extiende un casco de oro
puro. El capataz se pone el casco nuevo. Se voltea hacia
mí. Al mirarme, yo le miro los ojos y reconozco quién es.
Exclamo: “¡Eres tú!” Comienzo a llorar y Él enjuga mis
lágrimas con sus manos. Me dice: “No llores, porque tú eres
el atrevido que Yo creé”. Sonrío y le digo que tengo tantas
preguntas. Él me dice que hay poco tiempo. Rápidamente le
pregunto por qué repetidas veces se me ha mostrado la
destrucción venidera en muchos de mis sueños, pero Él me ha
dicho que no divulgue los detalles. Él me contesta:
“Muéstrame tu reloj.” Levanto mi brazo izquierdo para
mostrárselo. Él me dice: “Dame tu mano derecha. Quiero
mostrarte algo.” Le extiendo mi mano derecha y Él la coloca
en su mano izquierda. Me mira, sonríe y me llama por mi
nombre celestial (el que he escuchado en otros sueños) y me
dice que no tema, sino que sepa que Él siempre está
conmigo.
Él mira hacia arriba y los dos comenzamos a ascender. Miro
hacia abajo y veo que mis pies se despegan del suelo, el
cual desaparece rápidamente mientras ascendemos. De repente
el cielo azul se abre, aminora nuestra velocidad y nos
detenemos. Me señala cuatro ángeles muy grandes. Cada uno
tiene agarrada una punta de lo que parece ser una vela de
barco muy, muy, pero muy grande. Los ángeles se parecen al
ángel que vi a la entrada de la ciudad en mi sueño del
cielo. Pregunto si son ángeles. Jesús se dirige hacia mí,
me llama por mi nombre celestial y dice, “Estás demasiado
interesado en detalles finitos y estás pasando por alto
detalles importantes”. Señala y me dice que mire de nuevo.
Noto que los ángeles están usando todas sus fuerzas para
contener lo que está dentro de la gran vela. Escucho
truenos fuertes y detrás veo la luz de relámpagos y lo que
parecen ser grandes objetos redondos tratando de traspasar
la tela. El ruido que proviene de detrás de la vela es muy
fuerte y a veces ensordecedor. La gran vela que parece tela
tiembla, y parece que los ángeles hunden sus pies en tierra
para mantener su posición, pero no hay tierra. Los músculos
de los brazos se flexionan y me pregunto si sufren con el
gran esfuerzo que veo. Al observar más detalladamente, me
doy cuenta que la tela de la vela es la misma que los
ángeles visten.
Mientras me encuentro allí, con Jesús a mi derecha, temo
por mi vida y trato de esconderme detrás de Él. Recuerdo el
sentido que tuve de la perdición inminente que Él va a
permitir que ocurra. Miro a Jesús y comienzo a temblar y
llorar. Todavía asido de mi mano derecha, descendemos
rápidamente. Al hablarme, el sonido de su voz calma mis
temores. Cuando miro a sus ojos, todavía no puedo detectar
de qué color son. Lo único que puedo ver es un amor que no
se asemeja a nada que haya visto ni experimentado. Me llama
por mi nombre celestial y dice: “¿Por qué tienes miedo? Te
dije que siempre estaré contigo. ¿Dónde está tu fe?” Me
vuelve a enjugar las lágrimas con sus manos. Me dice, “No
temas porque te tengo en la palma de mis manos y nunca te
soltaré.” De nuevo me pide que le muestre mi reloj. Al
extender mi brazo izquierdo, Él me pregunta si creo que mi
reloj tiene la misma hora que el de Él. Entonces me dice
que hay mucho trabajo por hacer, pero muy poco tiempo.
Sigue sosteniendo mi mano mientras continuamos el descenso
a la tierra. Ahora veo cordilleras y ríos. Continúo
observando mientras me aproximo lentamente al suelo y mis
pies tocan tierra. Miro hacia Él y me dice: “Debes ir y
decirles que ya voy. Diles que estén listos y a la
expectativa, porque ya voy. Cuando dé el tiempo señalado,
les diré a los de gran fuerza que suelten. Entonces
derramaré mi ira. Ese tiempo es por mi reloj. Pero diles
que se preparen. Porque me hacen desaire y adoran otros
dioses y tratan de provocar mi ira con todas las obras de
sus manos, derramaré mi ira sobre ellos.” Entonces escribe
en el cielo y me dice que lea y comparta lo que le indicó a
su profetisa, Elena de White, que escribiera. Miro al cielo
azul oscuro y veo escrito en letras de oro oscuro,
EVANGELISMO, páginas 36 y 37.
Todavía sosteniendo mi mano, Jesús dice: “Ahora ve y diles
que ya voy. No temas porque tengo tu mano en la mía.
Recuérdales que si necesitan ángeles, diles que los pidan y
que estarán allí antes que terminen de pedirlos.” Me mira y
sonríe. Me siento inundado de paz cual brisa cálida.
Mientras miro a sus ojos veo el amor del amor de los
amores.
Evangelismo, páginas 36 y 37 dice como sigue:
“Una escena muy impresionante pasó ante mí en visiones
nocturnas. Vi una inmensa bola de fuego que caía en medio
de un grupo de hermosas casas que fueron destruidas
instantáneamente. Oí a alguien decir: "Sabíamos que los
juicios de Dios visitarían la tierra, mas no pensábamos que
vendrían tan pronto". Otros dijeron en tono de reproche:
"Vosotros que sabíais estas cosas, ¿por qué no dijisteis
nada? ¡Nosotros no lo sabíamos!" Y por todas partes oía
reproches parecidos.
“Me desperté angustiada. Volví a dormirme y me pareció
encontrarme en una gran asamblea. Un Ser de autoridad
hablaba al auditorio, señalando un mapamundi. Decía que
aquel mapa representaba la viña de Dios que debemos
cultivar. Cuando la luz celestial brillaba sobre alguno,
debía transmitirla. Debían encenderse luces en los
diferentes lugares y de estas luces se encenderían otras. .
.
“Vi focos de luz que brillaban desde las ciudades y los
pueblos, en las montañas y los llanos. La Palabra de Dios
era obedecida y como resultado en cada ciudad y cada pueblo
se levantaban monumentos a su gloria. Su verdad era
proclamada en todo el mundo.
“Habrá hombres de fe y de oración que se sentirán impelidos
a declarar con santo celo las palabras que Dios les
inspire. Los pecados de Babilonia serán denunciados. Los
resultados funestos y espantosos de la imposición de las
observancias de la iglesia por parte de la autoridad civil,
las invasiones del espiritismo, los progresos secretos pero
rápidos del poder papal, todo será desenmascarado. Estas
solemnes amonestaciones conmoverán al pueblo. Miles y miles
de personas que nunca habrán oído palabras semejantes, las
escucharán. Asombrados oirán el testimonio de que Babilonia
es la iglesia, caída a causa de sus errores y de sus
pecados, porque ha rechazado la verdad que le fue enviada
del cielo.”