La tierra nueva
por
Ernie Knoll
14 de septiembre de 2007
Mi sueño
comienza en el espacio interestelar donde acabo de visitar
un planeta en una galaxia lejana. Estoy volando muy
rápidamente, abarcando billones de años luz en los
microsegundos que toma el pensamiento, hacia mi hogar—la
Tierra Nueva. La velocidad a la que viajo no se puede
comprender de la manera como pensamos ahora. Viajar a
través del universo parece muy fácil, ya que noto que está
dispuesto en círculos concéntricos y yo me dirijo al centro
de todos los círculos. Cuando la Tierra Nueva se presenta a
la vista, veo como ha sido hecha nueva, junto con los
planetas circunvecinos.
Al aproximarme al inmenso valle, lejos a la izquierda de la
ciudad, modero la velocidad y mis pies tocan el suelo
suavemente. Me dirijo hacia mi hogar en el campo, caminando
por un sendero que yo formé con lo que parecen ser piedras
lisas y a la vez suaves. A la derecha e izquierda advierto
muchos árboles que yo planté hace mucho tiempo. Detrás de
los árboles, hacia la derecha, hay campos de hierba y
flores. El perfume de los árboles, hierba y flores no puede
dejarse de sentir. A la izquierda veo que he utilizado
láminas transparentes de piedras para formar los paneles
para un acuario largo, ocho pies de alto, que tiene muchos
peces. Donde rozan las hojas de los árboles con la
superficie del agua del acuario, los peces se comen las
hojas.
Al contemplar mi casa, construida penetrando la falda de
una loma delante de una montaña, me doy cuenta que también
utilicé láminas grandes de piedra transparente para
fabricar el techo y las paredes. Muchas de las láminas no
son planas, sino curvadas conforme las he hecho caer una
sobre la otra. Esto permite que el agua que fluye desde un
arroyo en lo alto, pase sobre la casa, a lo largo de una
pared y baje al acuario. El extremo lejano del acuario
tiene un desagüe que se torna en un arroyo que fluye hacia
el valle.
Cuando llego a mi hogar, veo que sobre el dintel de la
puerta hay un letrero con mi nombre celestial. Al entrar,
mi mascota me da la bienvenida. Tiene ojos grandes y
redondos, y pelo largo y ondeante muy suave al tacto. Por
los lados del pescuezo y debajo de las orejas tiene lo que
parecen ser agallas secas y parcialmente cubiertas con
pelo. Se me acerca a cuatro patas, entonces se para en las
traseras y me dice una palabra para hacerme saber que
quiere un alimento especial que yo le preparo. Me doy
cuenta que le he enseñado a hablar palabras sencillas. Le
digo que venga conmigo y salimos afuera, hacia un huerto.
Por allí crece una hierba especial. Mi mascota vuela a un
árbol bajo para mirarme. Mientras murmura por las agallas,
silba un canto hermoso. El murmullo es un sonido bajo que
acompaña los sonidos más altos del silbido. Extiendo la
mano hacia el tallo de una planta para arrancar lo que
parecen ser vainas de semillas. En mis manos, las semillas
se hinchan para formar el alimento, semejante a cerezas. Mi
mascota baja el árbol de un salto y se para junto a mí
murmurando fuertemente. Cuando le extiendo mi mano,
extiende sus patas para tomar el alimento. Cada pata tiene
varios dedos suaves con lo que parecen ser copas de succión
en las puntas. Al comer el alimento dice, “Bueno.”
Ahora regreso a la casa y mi mascota me sigue andando en
dos patas. En el camino mi vecino me saluda y conversamos
un ratito. Me pregunta dónde he viajado y qué vi, y me dice
que pronto desea ir. Me relata dónde él ha ido y me
describe lo que vio. Concluimos nuestra charla y nos
decimos el uno al otro que es hora de alistarnos. Entro a
mi casa donde me ocupo haciendo algunas cosas.
Entonces salgo de mi casa y comienzo a caminar a lo largo
del sendero. Me detengo para arrancar algunas hojas de un
árbol que cuelga sobre mi acuario. Desmenuzo las hojas, las
salpico sobre el agua y observo como los peces se acercan y
comen los trocitos de las hojas. Entonces me doy vuelta y
sigo por el sendero. Al mirar hacia adelante, veo que he
trabajado los árboles para que formen un marco alrededor
del panorama de una montaña con una catarata que cae hacia
un lago grande abajo. Ese lago crea arroyos pequeños que
fluyen en varias direcciones.
Sigo el sendero hasta su final. Miro a la izquierda. Veo la
gran ciudad con las hermosas murallas iluminadas desde
adentro. No tengo palabras para describir la belleza con
que resplandecen. Mientras camino un rato hacia la ciudad,
disfruto de los senderos entre prados, entre árboles,
hierba alta y vistosa, y flores de mil colores y formas.
Muchas aves de distintas formas y colores vuelan y cantan.
Al acercarme, muchos salen volando de la hierba alta. Veo
muchos, muchos animales distintos. Algunos reconozco de la
tierra vieja, pero hay muchos nuevos de distintos tamaños.
Me maravilla toda la vida que veo. Todo es nuevo y lozano,
pero más grande de lo que jamás me hubiera imaginado.
Constantemente me siento abrumado por todo lo que veo.
Al seguir, veo muchas otras casas construidas en esta área
que parece no tener fin. Para mejor contemplar la gran
ciudad que está delante, decido volar y subo a gran altura
sobre el suelo. Entiendo que cada una de las cuatro
murallas mide unas 1,700 millas. La altura de la muralla es
de unos 300 pies. El espesor de las murallas no es tan
grande como las vigas que se asientan sobre la muralla y se
extienden desde una columna hasta la siguiente. Las vigas y
las columnas son transparentes y del mismo grosor. Las
columnas son de tamaño imponente. Al contemplar la escena,
el tamaño grande de todo me deja boquiabierto.
Muchas otras personas están volando o caminando hacia la
puerta de la ciudad. Al acercarme a la muralla, sé que esta
apertura está en el medio de la muralla occidental. Me doy
cuenta que a gran distancia, tanto hacia la derecha como
hacia la izquierda, hay otras aperturas. También sé que las
murallas del norte, sur y del oriente tienen una
configuración parecida a la de la muralla occidental. Al
acercarme a la puerta, noto que ya no hay guardia.
Aterrizo y entro. Adelante, a mi derecha, está el templo en
el cual estuve un rato antes que todo hubiese sido hecho
nuevo. Me dirijo hacia la izquierda y noto como las calles
son transparentes, pero con un matiz amarillo. Sin embargo,
puedo ver hasta abajo.
Hay muchos edificios y árboles distintos. Hay flores y
hierba a cada lado de las calles. Veo distintas clases de
animales, aves, y tanta gente. Todos casi medimos la altura
de las personas más altas que había visto en el cielo. Por
todas partes hay ángeles.
De las calles se extienden aceras pequeñas hechas de la
misma substancia transparente. Al andar a lo largo de una
de esas aceras, veo que aceras más pequeñas van hacia
edificios grandes y hermosos. Cada una de estas casas han
sido construida distinta para cada individuo. No soy capaz
de describir su arquitectura.
Caminando una buena distancia, sigo disfrutando de todo lo
que veo, huelo y oigo. Después de un rato, volteo y ando
por una acera pequeña hacia mi casa en la ciudad. Hallo que
tengo un sentido poderoso acerca de lo mío. Me detengo a
mirar asombrado a la casa grande que fue hecha para mí. Al
mirar en frente, veo lo que parece ser un vestíbulo con
techo y paredes. Sobre la primera pared hay un diamante
rectangular muy grande. Tiene grabado mi nombre celestial,
el cual fulgura y brilla. Más allá de este techo y paredes
hay otros techos y paredes más pequeños, y entonces otros
más. Esto sigue hasta que entro a mi casa. No hay puerta.
Noto como cada habitación forma un marco para mi corona, la
cual está situada sobre un anaquel. Veo algo que sólo puedo
describir así: Le sacaron una tajada a la pared y entonces
colocaron ese trozo dentro de la pared para formar un
anaquel. Al contemplar mi corona, me doy cuenta que no se
parece en nada a lo que yo me imaginaba. Es de muchos
metales distintos y tiene piedras hermosas. También noto
que parece tener cuero y pelaje, aunque sé que no puede
ser. Recuerdo que al principio, cuando Jesús me la colocó
en la cabeza, era mucho más pequeña, pero ahora es más
grande, tal como yo he crecido al tamaño que tengo.
Miro hacia la izquierda y veo a mi manto colgado sobre la
pared. Es largo y tiene sogas y cuellos en contorno del
área del cuello. Es difícil describirlo. Ahora entran dos
ángeles y me preguntan si deseo que me ayuden a poner el
manto. Les contesto y ellos alzan el manto del colgadero y
lo colocan sobre mis hombros. Me llama la atención que este
manto no pesa nada. Uno de los ángeles se acerca a mi
corona y me pregunta,”¿Me permites llevarte la corona?” Le
contesto, y él va y coloca mi corona sobre mi cabeza.
También noto que la corona no pesa nada. Nos miramos y
sonreímos, porque comprendemos el significado de la corona
y el manto. Los ángeles me dicen cuánto les complace
ayudarme con mi manto y corona. Yo les digo cuánto aprecio
todo lo que han hecho por mí. Digo que es hora de ir a la
reunión. Estamos emocionados y sentimos mucha ilusión.
Salimos de mi casa y comenzamos a caminar. Sabemos que
tenemos que viajar una distancia grande, porque vamos a
reunirnos al extremo oriente de la gran ciudad. Decidimos
volar, y tan pronto nos alzarnos del suelo, descendemos al
lado oriente. Ahora estoy de pie con otros como yo,
formando un cuadrado perfecto frente a una plataforma
grande. En el cielo sobre nosotros hay una hueste sinnúmero
de ángeles. En ambos lados y detrás de nosotros hay una
gran multitud de ángeles dispuestos de tal forma para
cantar en armonía. Detrás de estos grupos de ángeles hay
una gran multitud que no puede ser contada. Observo
mientras un ángel de aspecto noble y magnífico camina al
centro de la plataforma. Observo mientras Dios el Padre y
Jesús caminan desde el lado izquierdo de la plataforma al
medio. El Padre se sienta y entonces Jesús se sienta junto
a la diestra del Padre. (No puedo ver el aspecto físico del
Padre en este sueño, pero sé que es Él. Lo que veo es una
luz muy brillante.) El ángel en el centro de la plataforma
canta una nota. De repente, los ángeles a la izquierda
comienzan a cantar, entonces se unen los ángeles a la
derecha y después los que están detrás. Entonces entran los
ángeles que están arriba, les seguimos nosotros, los que
pertenecemos al grupo “éstos son”, y entonces la gran
multitud. Durante el coro hacemos una pausa y oímos el
cantar de muchos a través del universo. Después del coro,
todos nos unimos a una voz. Es un sábado muy feliz.
Nota:
Me
desperté de este sueño muy desilusionado, sin embargo,
sintiendo una felicidad sin descripción. Ahora comprendo
por qué se nos insta a “esforzarnos por formar parte de los
144,000.”