La iglesia adventista
por Ernie Knoll
28 de septiembre de 2007
En mi
sueño estoy parado en una acera mirando al lado derecho de
la fachada de una iglesia muy grande. La iglesia es
inmensa. Por el tamaño me parece que abarca todo una
manzana. En los costados hay muchas ventanas y más ventanas
encima de éstas. Noto que hay varias columnas muy grandes
al frente de la iglesia. La base de las columnas está sobre
las últimas gradas y se extienden hacia arriba para
sostener el techo.
De repente siento un toque sobre mi hombro derecho y
alguien me llama por mi nombre celestial. Volteo y veo al
“Heraldo” de pie detrás de mí. Inmediatamente le digo que
tengo varias preguntas que deseo hacerle. Me da una sonrisa
paciente y dice, “Siempre tienes preguntas.” El Heraldo
dice, “Ven, debo mostrarte muchas cosas.”
Caminamos por la acera y nos paramos al pie de las
numerosas gradas que ascienden hacia el frente de la
iglesia. Observo mientras mucha, mucha gente comienza a
subir por las gradas. Mi ángel señala que algunos de los
hombres no están pensando sobre lo que oirán en la iglesia
ni de la bendición que van a recibir. Muchos piensan de su
trabajo y lo que deben hacer para sobresalir y así obtener
un puesto más alto. Otros piensan de lo bien que se ven con
su vestimenta elegante. Otros están pensando si se
encontrarán con alguien que pueda ser su pareja. Veo a
otros vestidos como si fueran a un picnic o un juego de
pelota. Algunos hasta visten jerséis de varios deportes.
Observo a muchas, muchas mujeres subir las gradas calzando
zapatos caros y elegantes. La ropa que han elegido no es
apropiada para la iglesia. Algunas visten faldas y vestidos
demasiado cortos. Muchas llevan prendas de corte muy
escotado y revelador. Otras llevan ropa apretada, ajustada
al cuerpo. Algunas tienen pintadas las uñas de las manos y
los pies. Muchas llevan joyas y muestran orgullosas sus
anillos de matrimonio. Tienen el cabello arreglado a la
última moda que proclama, “Mírame; soy hermosa.”
Ascendemos las gradas y entramos al vestíbulo de esta
iglesia grande. Hace mucho ruido y veo máquinas vendedoras
automáticas a lo largo de las paredes. También hay carritos
de madera y metal que ofrecen leche, té, y café, como
también roscas de pan, pasteles, y un surtido pequeño de
fruta demasiado madura.
Noto que del vestíbulo se extienden muchos lugares de
culto. Mi ángel y yo entramos al primer santuario y noto
que adentro hay mucha gente. Oímos al predicador explicar
que “Cristo pagó en la cruz por todos nosotros. Somos
salvos; no hay que preocuparse por nada. Hemos sido
salvados en nuestros pecados. Lo único que tenemos hacer
cada día es pedir perdón y tendremos vida eterna. No hay
que preocuparse si volvemos a pecar, porque Jesús ha pagado
por nuestro derecho de estar en el cielo.” La congregación
exclama a una voz, “Amén” y “Peca y serás perdonado; Jesús
nos ha salvado.”
Salimos de esa iglesia y entramos a la siguiente. Está
llena de gente. Al frente hay un bautisterio grande. Hay
una fila larga de personas esperando ascender las gradas al
bautisterio para ser bautizadas. Por encima y a la derecha
del bautisterio hay una máquina digital contadora, como un
marcador de resultados, que aumenta a incrementos cada vez
que bautizan a alguien. Veo que algunos en la fila llevan
maletas. Otros llevan bolsas llenas de artículos que acaban
de comprar en la tienda. Las bolsas tienen artículos
comestibles, material de lectura y otras cosas que un
cristiano no llevaría consigo a la iglesia, especialmente
cuando van a ser bautizados.
Algunos tienen cigarrillos en sus bolsillos y otros están
comiendo alimentos inmundos mientras esperan su turno en la
fila. Mientras observo, sumergen a la gente y entonces los
pasan a un lado para que salgan del bautisterio. Hombres en
trajes negros discuten la máquina contadora. Me doy cuenta
que éstos son hombres importantes conectados con la
iglesia. Dicen que el contador tiene que incrementar más
rápidamente. Deciden colocar a más ayudantes en el
bautisterio para hacer que la gente entre, baje, y salga
más rápidamente. Exclaman: “ENTRAR, BAJAR y SALIR!”
Observo que el contador se mueve más rápidamente. El agua
está sucia, y los que están en ella, también. Al salir del
agua, todavía están sucios, y se les ha añadido la mugre de
los que fueron bautizados antes que ellos. Miro sus rostros
y tienen un aspecto cansado y desafortunado. Miro a mi
ángel y comienzo a llorar y menear la cabeza.
Salimos de este templo y regresamos al vestíbulo. Mi ángel
y yo nos detenemos un momento y él me dice, “No llores. He
sido enviado para mostrarte estas cosas. Conserva tu
ánimo.”
Entonces vamos a la iglesia siguiente donde noto que hay un
estandarte sobre la puerta que dice, “Iglesia Equipo.” Han
sacado las bancas y colocado sillones reclinables. Muchos
hablan y conversan. Lucen vestimenta relacionada con los
deportes de fútbol, béisbol, baloncesto y otros deportes.
Al frente, el pastor viste el uniforma de su equipo
favorito. Lo oigo exclamar, “Jesús va a derrotar el equipo
contrario. Con su tanto, tendremos la victoria. El partido
ha sido ganado!” Oigo a la gente vitorear, alzar sus
meriendas y bebidas y decir, “¡Vamos, equipo Jesús!” Salgo
hacia el vestíbulo con mi ángel, y él extiende la mano,
agarra el estandarte y comienza a sacarlo de su lugar. Noto
que debajo hay palabras que comienzan con, “El Problema de
muchos deportes.”[1] Cuando comienzo a
leerlo, varios hombres se enojan mucho y comienzan a
colocar el estandarte de nuevo en su lugar.
Entonces caminamos al templo siguiente y hallamos que el
pastor le habla a la gente con palabras halagüeñas. Predica
que lo único que necesitamos es amor y gracia. No tenemos
que preocuparnos por nada más, sólo amor y gracia. Observo
mientras utiliza ciertos movimientos de la mano y el brazo
al caminar lentamente de un extremo de la plataforma hacia
el otro. La gente se relaja totalmente. Sólo habla de
ciertas partes de la Biblia y dice que debemos aprender
nuevas ideas. Habla de una “comunidad de la fe”, y de
“innovación.” Veo que la gente escucha, pero está arrullada
en un estupor soñoliento. Al salir de ese lugar, le doy a
mi ángel una mirada de hastío.
Entramos a otro santuario donde nuevamente veo que hay
mucha gente. Están cantando de pie. Al frente hay una
pantalla grande que tiene palabras. Mientras la gente
canta, alzan las manos y las mueven aquí y allá. El canto
que cantan se repite constantemente. No tiene versos
inspiradores. Entonces veo que muchos salen al pasillo
donde comienzan a caminar lentamente, cantando y alzando
las manos. Poco a poco comienzan a saltar, y dentro de poco
comienzan a correr a lo largo del pasillo proclamando que
tienen “el espíritu.” Comienzan a hablar en lenguas
ininteligibles. Miro a mi ángel y le pido permiso para que
nos vayamos.
Caminamos al siguiente santuario y encuentro que hay muy
poca gente adentro. Los pocos que hay están sentados
silenciosamente y escuchan con atención. El pastor habla de
la preparación para la venida de Jesús. Habla de corazón.
Miro a mi ángel y sonrío. Me coloca la mano izquierda sobre
mi hombre derecho y dice, “Mira atentamente al pastor.”
Entonces veo que una luz muy brillante del cielo
resplandece sobre él. Noto algo que parece una llama
ardiendo encima de su cabeza. Muchos ángeles portan libros
y le enseñan lo que debe decir.
Salimos de este templo y regresamos al vestíbulo. Al salir
de la iglesia pasamos muchos otros santuarios, las máquinas
vendedoras automáticas y los carritos. El Heraldo me mira y
me pregunta, “¿Me das tu mano?” Le extiendo la mano derecha
y la agarra firmemente. Nos elevamos al aire unos 100 pies.
Nos volteamos y por primera vez puedo ver la fachada
completa de esta iglesia inmensa. Noto las columnas grandes
que sostienen el techo. Precisamente debajo del techo hay
un letrero grande, tallado profundamente con las palabras:
“IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DíA.”
Me mira y dice, “Aférrate firmemente a tu fe.” Mientras
observo, la iglesia entera comienza a temblar desde la
izquierda hacia la derecha, hacia atrás y hacia adelante.
La iglesia entera se tuerce de lado a lado. Mientras
observo veo que mucha gente es arrojada por las ventanas.
Muchos salen y descienden las gradas corriendo. Las
máquinas vendedoras automáticas y los carritos se desploman
gradas abajo. Mucha, mucha gente cae rodando por las
gradas.[2] Me parece que voy a ver
derrumbarse la iglesia.[3] Le aprieto la
mano a mi ángel, porque temo a lo que le va a pasar a mi
iglesia. Me mira y dice, “Aférrate firmemente a tu fe.”
Tan repentinamente como comenzó, terminó el zarandeo. Noto
que todas las columnas aún están intactas. Descendemos y
nos paramos sobre el escalón más alto. Veo que las gradas
no han sufrido ningún daño. Volteo y veo que mucha gente
asciende las gradas de la iglesia. Su aspecto es recatado y
muchos cantan un himno inspirador. Noto que todos han
dejado a un lado el yo y están enfocados en Jesús. Han
dejado a un lado todos los pensamientos mundanos. Los
observo mientras entran al vestíbulo. Nosotros entramos al
vestíbulo y notamos que algunos murmuran quedamente y hay
una sensación de reverencia a lo largo del vestíbulo
grande.
Mi ángel y yo vamos de santuario a santuario. Cada culto es
reverente y cada pastor enseña el camino a Jesús. Seguimos
al templo donde están bautizando a la gente. Los ministros
están orando y estudiando con cada individuo antes de que
se ponga en fila. Hay un cuarto donde los individuos van
para deshacerse de sus maletas y bolsas de compras. Hay un
basurero donde tiran sus cigarrillos y otros artículos de
tabaco. Observo mientras un individuo entra lentamente al
bautisterio. El ministro está al lado. Le habla del
cometido que está por hacer no sólo ante los que están
observando, sino ante todo el cielo. Al bajar el individuo
al agua, noto que está sucio. Mi ángel me instruye a mirar
hacia arriba. Al mirar a través del techo, atravesando el
firmamento hasta el cielo, veo ángeles cantando y aclamando
mientras cada individuo es bautizado. Vuelvo a mirar a los
individuos al salir lentamente del bautisterio. Al salir,
están muy limpios. La ropa que llevan es de un blanco
brillante y sus rostros resplandecen de gozo.
Al seguir a lo largo del vestíbulo a cada templo, noto que
la iglesia no sufrió ningún daño. Ni siquiera hay una
grieta en las paredes. Recuerdo como observaba mientras
este edificio se torcía y sacudía, y como temía que se iba
a caer.
El Heraldo y yo nos volteamos, salimos y bajamos las
gradas. Lo miro y le pregunto cuándo esto va a acontecer.
Me da una sonrisa afectuosa y nuevamente, como en otros
sueños, noto sus hoyuelos. Coloca sus manos sobre mis
hombros y dice, “Cuando despiertes, prepara lo que te he
mostrado. Envíalo a la hermana Z. Ella va a hacer la
redacción. Una vez que ella termine, debe pedirle a su
esposo que lo repase. Él sabrá si algo falta, porque a él
ya se le ha mostrado. Cuando él esté de acuerdo con lo que
ha sido preparado, debe ser enviado inmediatamente al
hermano S para que lo coloque para el pueblo de Dios.” Le
pregunté al Heraldo si el hermano Z había recibido el
sueño. Dijo que a muchos se les muestra y ellos lo
comparten. A muchos se les muestra y temen compartirlo. A
muchos se les muestra y no lo recuerdan. A muchos se les
muestra y lo recuerdan después del tiempo designado. Y a
muchos se les muestra por medio del Espíritu del Padre.”
El Heraldo me llama por mi nombre celestial y dice, “Ahora
debes despertar y compartir lo que te he mostrado.”
- El Hogar cristiano, p. 454 “El Problema de muchos deportes. –Los alumnos deben hacer ejercicio vigoroso. Pocos males deben ser más temidos que la indolencia y la falta de propósito. Sin embargo, la tendencia de la mayor parte de los deportes atléticos es causa de preocupación para los que se interesan por el bienestar de la juventud. Los maestros se sienten turbados al considerar la influencia que tienen estos deportes, tanto sobre el progreso del estudiante en la escuela, como sobre su éxito en la vida ulterior. Los juegos que ocupan una parte tan grande de su tiempo, apartan su mente del estudio. No contribuyen a preparar a la juventud para la obra práctica y seria de la vida. Su influencia no tiende hacia el refinamiento, la generosidad, o la verdadera virilidad. Algunas de las diversiones más populares, como el fútbol y el boxeo, se han transformado en escuelas de brutalidad. Desarrollan las mismas características que desarrollaban los juegos de la antigua Roma. El amor al dominio, al orgullo de la fuerza bruta, la temeraria indiferencia hacia la vida, ejercen sobre los jóvenes un poder desmoralizador que espanta. Otros juegos atléticos, aunque no son tan brutales, son apenas menos objetables, a causa del exceso al cual son llevados. Estimulan el amor al placer y a la excitación, fomentando la antipatía hacia el trabajo útil, la tendencia a esquivar las responsabilidades y deberes prácticos. Tienden a destruir el gusto por las serias realidades de la vida y sus gozos tranquilos. Así se abre la puerta a la disipación y a la ilegalidad, con sus terribles resultados.”
- Juan 2:13-16 “Cuando se aproximaba la Pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén. Y en el templo halló a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, e instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero. Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, juntamente con sus ovejas y sus bueyes; regó por el suelo las monedas de los que cambiaban dinero y derribó sus mesas. A los que vendían las palomas les dijo: --¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?”
- Maranata: ¡El Señor viene!, p. 201 “Satanás llevará a cabo sus milagros para engañar y establecerá su poder por encima de todo lo demás. Puede parecer que la iglesia está por caer, pero no caerá. Ella permanece en pie, mientras los pecadores que hay en Sion son tamizados, mientras la paja es separada del trigo precioso. Es una prueba terrible, y sin embargo tiene que ocurrir. Nadie fuera de los que han estado venciendo mediante la sangre del Cordero y de la Palabra de su testimonio, serán contados son los leales y fieles, con los que no tienen mancha ni arruga de pecado, con los que no tienen engaño en sus bocas… Los miembros del pueblo remanente que purifican sus almas mediante la obediencia a la verdad, se fortalecen en el proceso probatorio y manifiestan la belleza de la santidad en medio de la apostasía circundante.”