Dos sendas
por Ernie Knoll
21 de agosto de 2007
[Aunque
el motivo de este sueño es para la circunstancia de un
individuo en particular y es una respuesta a oración,
servirá de beneficio a otros también. Todos tenemos que
escoger entre este mundo y el Señor, aunque se comprometa
la familia.]En mi sueño, tengo varios hijos. Veo una
balanza. Al lado izquierdo de la balanza están mis hijos, y
al lado izquierdo hay una tablilla con sujetapapeles.
Muchos ángeles rodean a mis hijos, algunos con las manos
sobre los hombros de los niños. Muchos ángeles rodean la
tablilla con sujetapapeles, pero estos ángeles son
distintos. Algunos sujetan libros, otros tienen alas
ardientes, y otros cargan espadas y escudos.Miro a mis
hijos, a quienes amo más que ninguna otra cosa, y luego a
la tablilla con sujetapapeles. Es transparente, como vidrio
claro sin nada encima. Sé que debo escoger entre mis hijos
y la tablilla con sujetapapeles. Yo amo y deseo a mis
hijos, pero me doy cuenta que debo tener fe y escoger la
tablilla con sujetapapeles, seguro que mis hijos van a
estar a salvo.Por encima del armazón de la balanza, veo un
estandarte pequeño que tiene un rótulo incrustado en oro.
Dice, “Deuteronomio 30:19.” [“Hoy pongo al cielo y a la
tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir
entre la vida y la muerte, entre la bendición y la
maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus
descendientes.”]
Levanto la tablilla con sujetapapeles. Ahora que he elegido
la tablilla con sujetapapeles, veo una escritura centrada
en la parte superior que dice en letras mayúsculas de oro:
“PARA SU PUEBLO.” Hacia la izquierda aparece un renglón de
letras pequeñas plateadas que dice, “Josué 24:15.” [“Pero
si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes
mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron
sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los
dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora
habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al
Señor.”] Cuando volteo la tablilla sujetapapeles noto que
dice lo mismo en ambos lados, a pesar de ser
transparente.Miro a mis hijos que todavía están de pie en
la balanza, y les digo que los amo, pero que he elegido.
Apretando la tablilla sujetapapeles a mi corazón, volteo y
me voy, confiado de haber tomado la decisión perfecta, y
que mis hijos están siendo vigilados.Salgo del salón y
comienzo a caminar. Me encuentro en la ladera de un monte
muy escarpado, en una vereda muy pequeña y angosta llena de
piedras. Es difícil caminar y lucho por encontrar apoyo
para mis pies. Miro la tablilla sujetapapeles. Dice: “SIGNS
OF THE TIMES, 22 de junio de 1904.”“Entren por la puerta
estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino
que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella.
Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce
a la vida, y son pocos los que la encuentran.”
Las dos sendas mencionados se van en dirección contraria;
una es estrecha y escarpada, la otra es más ancha y plana,
pero termina en destrucción.
Los que viajan por estas dos sendas son contrarios en
carácter, vestimenta, y conversación. Aquéllos que van por
la senda estrecha son serios y sinceros, pero alegres. El
Varón de dolores les abrió el paso, y él mismo la atravesó.
Ven sus pisadas, y se alientan. Al andar, hablan del gozo y
felicidad que les espera al terminar la jornada.
Aquéllos que van por la senda ancha se ocupan con
pensamientos de placeres mundanos. Se entregan libremente a
las risas y alegría, sin acordarse del fin de su jornada.
Por el sendero hacia la muerte todos pueden ir con su
mundanalidad, egoísmo, orgullo, falta de honradez, y
degradación moral. Hay cabida para las opiniones y
doctrinas de todos, espacio para seguir sus tendencias y
hacer todo lo que su amor propio mande. Para andar por la
senda que lleva a la destrucción no hay que buscar el
camino, porque la puerta es ancha, y los pies naturalmente
se dirigen al sendero que termina en la muerte.
Mas el sendero a la vida es estrecho y la entrada, recta.
El que se aferre a cualquier pecado dominante hallará que
la puerta es demasiado estrecha para entrar. Para seguir la
senda del Señor, habrá que abandonar los caminos, voluntad
y hábitos propios, y las costumbres que no se asemejan a
Cristo. Aquél que desea seguir a Cristo no puede seguir las
opiniones del mundo ni cumplir con el criterio del mundo.
La senda celestial es demasiado estrecha para admitir que
rango o riquezas viajen con gran pompa, demasiado estrecha
para los planes de ambición egoísta, demasiado pendiente y
escabrosa para que la escalen los amadores de la comodidad.
El esfuerzo, paciencia, sacrificio, reproche, pobreza, la
contradicción de pecadores contra sí mismo, fueron la parte
de Cristo, y deben ser la nuestra si alguna vez entramos al
Paraíso de Dios.
Sin embargo, no hay que concluir que el sendero hacia
arriba es el duro, y que el que va hacia abajo es el fácil.
A lo largo del sendero que va hacia la muerte hay dolores y
penas, hay tristezas y desilusiones, hay advertencias a no
proseguir. El amor de Dios hace difícil que los imprudentes
y obstinados se destruyan a sí mismos. Es verdad que el
sendero de Satanás parece ser atractivo, pero es todo un
engaño. En la senda del mal hay remordimiento amargo y
ansiedad consumidora. Nos puede parecer agradable seguir el
orgullo y la ambición mundana, pero el fin es dolor y
tristeza. Los planes egoístas pueden presentar promesas
halagadoras y ofrecer la esperanza del deleite, sin
embargo, hallaremos que nuestra felicidad está envenenada y
nuestra vida amargada por ansias concentradas en el yo. A
lo largo del camino que desciende la puerta puede estar
adornada con flores, pero hay espinas en el sendero. La luz
de la esperanza que brilla a la entrada se disipa en la
oscuridad de la desesperación, y el alma que sigue este
sendero desciende a las sombras de una noche eterna.
El sendero hacia el cielo es estrecho, pero nadie debe
fallar de hallarlo. La mano del Padre lo ha trazado
claramente. Ni un pecador tembloroso debe fallar de andar
en su luz pura y santa. Aunque el sendero hacia arriba es a
veces difícil y con frecuencia fatigoso, aunque el
cristiano tenga que soportar luchas y conflictos, debe
proseguir con regocijo, confiado como un niño en el cuidado
amoroso de Aquél que “guarda los pies de sus santos”,
sabiendo que el sendero por donde camina al fin lo llevará
a las mansiones que Cristo ha ido a preparar para aquéllos
que le aman.
“El sendero de los justos se asemeja a los primeros albores
de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día
alcanza su plenitud.” Traducido de Signs of the Times, 22
junio 1904.