“Velad, porque ¡ya voy!”
por Ernie Knoll
14 de agosto de 2007
En mi
sueño recorro un pasillo largo. El piso es plano,
pero le parte superior es redonda. Aunque no hay
luces, el pasillo está bien iluminado. Detrás de mí oigo el
ruido de cascos. Me doy vuelta y veo un ángel sobre un
caballo blanco que cabalga aprisa. Junto a él hay otro
caballo blanco que cabalga a la misma velocidad. El ángel
se detiene rápidamente junto a mí, se desmonta del lado
izquierdo del caballo, da la vuelta por el frente y se
apresura hacia mí. Cuando sonríe noto sus hoyuelos y lo
reconozco como el ángel del sueño anterior. Me llama por mi
nombre celestial) el nombre que sólo conozco en mis
sueños). Me dice, “Debes montar, porque hay mucho que
decirte y mostrarte. Tenemos que viajar lejos, hay mucho
que ver, y el Gran Intercesor me ha dado instrucciones
detalladas que debo cumplir.” Da la vuelta por el frente
del caballo, salta del lado izquierdo, y se aferra del
crinado. Yo hago lo mismo.
Los caballos comienzan un trote lento que se torna en
galope, y entonces en una carrera a toda velocidad.
Aunque yo he montado a caballo, esto es distinto.
Este caballo no sube y baja, sino parece ir en forma recta
y serena. Me doy cuenta que estamos atravesando el
pasillo a una velocidad muy grande. Tras un
viaje que me parece muy corto, los caballos se detienen.
Aunque no tengo cómo medirla, sé que acabamos de viajar una
distancia muy grande. Nuevamente el ángel se desmonta del
lado izquierdo y yo hago lo mismo. Me dice, “Tus oraciones
y preguntas han sido oídas, como lo son todas las
oraciones. Es hora que los que estudian el tiempo
comprendan lo que están haciendo.” Todavía estamos en
el pasillo. El ángel se voltea y pide mi mano derecha. Se
la extiendo y él me dice, “Tengo mucho que mostrarte y
enseñarte.”
Nos dirigimos hacia el lado del pasillo y comenzamos a
caminar. En ese instante se me ocurre que vamos a chocar
contra la pared del pasillo. Atravesamos la pared, pero no
hay puerta. Entramos a un salón donde somos observadores.
El ángel me dice, “Lo que te voy a mostrar ahora se refiere
a algo sobre lo cual has estado orando y pidiendo
instrucción.”
Veo a mucha gente sentada en un cuarto con mesas. Me dice,
“Éstos son hermanos y hermanas de tu iglesia, pero no son
de la misma fe.” Noto que alrededor del cuello algunos
llevan como si fuera una toalla larga con flecos y nudos
amarrados en las puntas. Al arrodillarse para orar, se
cubren la cabeza con esa tela. Muchos llevan una pequeña
tela redonda en la cabeza. Sobre las mesas veo muchos
objetos inanimados. A la vista hay trompetas orientadas en
varias direcciones. Noto rollos de escritura con palabras
subrayadas y palabras que ellos han añadido a los rollos.
Veo algo que sólo puedo describir como cornucopias llenas
de distintas clases de alimentos.
Ellos también hacen adoración entre semana si la luna está
en cierta fase y lo llaman el sábado. Esto es además del
séptimo día sábado. Miro a mi ángel que me tiene de la mano
derecha y le digo, “No entiendo.” Él me dice,
“Observa otra vez con atención. Vuelvo a mirar y veo
ángeles sentados con estas personas. Sus mantos son muy
oscuros. Sus rostros se ven desdichados y destrozados de la
guerra. Obligan a la gente a creer lo que ellos
quieren que crean. Observo como los hermanos y hermanas
estudian equivocadamente, creyendo cosas que ya no tienen
que creer.
Me volteo y veo que hacia un lado hay un grupo grande de
hombres. Trabajan arduamente para cincelar el número 2012
en un inmenso bloque de granito. Cuando terminan, derriten
y vierten sobre los números oro que han comprado. Entonces
se arrodillan alrededor de ese bloque para orar, dando
gracias porque se les ha mostrado el año cuando Jesús
retornará. El ángel se dirige hacia mí y me dice,
“Consultar Mateo 24:36.” [“Pero en cuanto al día y la
hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo,
ni el Hijo, sino sólo el Padre.”] El ángel continúa
diciendo que el del gran disfraz está colocando trampas
para todos, pero el ojo y oído perspicaces de aquéllos que
han puesto sus corazones en la mano de Dios discernirán
cuando el maligno los hace adorar leyes viejas y
paganas—cosas que fueron abolidas cuando Jesús fue clavado
en la cruz y murió.
Todavía asiendo de mi mano, el ángel dijo, “Tenemos que
irnos.” Nos volteamos y me encuentro en el pasillo. Noto
que los caballos ya no están. Me detengo y le pido al ángel
que me diga su nombre. Me contesta, “Puedes llamarme ‘El
Heraldo’ (me lo deletreó), pero quién yo soy no es
importante. El Gran Árbitro (también me deletreó esto) es
el único nombre que debiéramos querer conocer y de quién
debiéramos querer hablar.
Atravesamos el pasillo hasta el otro lado y entramos a un
salón que reconozco de inmediato. Es del sueño que denominé
“Id adelante.” Nuevamente mi posición es sólo la de
un observador. Veo a muchas personas que reconozco. Un poco
más atrás de mí vuelvo a ver al hermano J, al hermano M y
al hermano D, junto con sus esposas. También hay otros
allí, pero no los puedo ver a causa de la gente que me tapa
la vista. Mi ángel, todavía asiendo de mi mano, nos hace
levantar del suelo. Desde ese punto de vista puedo ver un
grupo casi sinnúmero de pie detrás de mí. Reconozco algunos
que no podía ver antes. Veo a los hermanos C y los hermanos
V. Junto a ellos hay mucha gente que conozco de nombre,
pero no he saludado personalmente. Hay otros que he
saludado, pero no recuerdo sus nombres.
Cuando me dirijo a mi ángel, me dice que la hermana V debe
ayudar a preparar este sueño. El ángel dice que cuando
reciba el sueño, ella debe juntar a sus hijos y orar ante
el altar familiar para que el Espíritu Santo le instruya
qué debe escribir y cómo corregir el sueño. Cuando ella
termine, debe devolvérmelo para que Becky y yo lo
aprobemos. Esto nos aliviará de una parte de la
labor. La hermana V debe decirle al hermano S que se
prepare para colocar este mensaje en mi sitio en el
internet, porque debe cumplir con la fecha límite ordenada.
El ángel me recuerda que el hermano S es quien tiene los
medios para la comunicación. Se me instruye que los
mensajes que Él envía son para su pueblo. El Gran Consejero
observa todo lo que hace y protege sus mensajes para su
pueblo. El hermano S debe saber que si en algún momento
tiene un problema o necesita ayuda, se le ha dado el
teléfono.
Ahora el ángel me dice que todavía queda mucho más para
mostrarme. Todavía asiendo de mi mano derecha, salimos y
volvemos al pasillo. Me dice, “Respira profundamente,
porque lo que te voy a mostrar ahora es importante.”
Nuevamente atravesamos el lado del pasillo. Me encuentro
parado afuera en un campo amplio mirando hacia arriba a
algo que parece una pantalla de cine al aire libre. Está
muy oscuro y no veo luna, pero sí muchas estrellas.
El ángel dice, “De las cosas que se pueden estudiar,
lo que te muestro ahora tiene la mayor importancia.”
Me sonríe e indica que mire la primera proyección. Veo lo
que pudiera ser una película de la portada de una Biblia.
Las letras grandes “SANTA BIBLIA” brillan doradas y debajo
aparece en letras más pequeñas, “Versión King James”. La
Biblia se abre a Éxodo 20. La proyección cambia y las
palabras que deletrean la ley de Dios se destacan claras y
muy fáciles de leer. El ángel sonríe y dice, “Esto es lo
que Dios mismo escribió y es muy importante. Recuerda lo
que dice.”
Sonriendo nuevamente me señala la siguiente proyección. Veo
a Elena White sentada en una silla con una pluma de
escribir en la mano. Es temprano en la mañana y todo está
en silencio. Ella está rodeada de muchos, muchos, pero
muchos ángeles. Jesús se apoya sobre una rodilla junto a
ella y le instruye lo que debe escribir. El ángel se dirige
hacia mí y dice, “Comparte Apocalipsis 19:10.
[“Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: ¡No,
cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos
que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo
a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu de
profecía.”] El ángel me señala la siguiente
proyección. Es azul oscuro y veo las palabras, “Jesús
viene. ¡Debes estar listo!” en letras de oro.
Nos volteamos y atravesamos el pasillo rápidamente. Ahora
observo como ángeles señaladores marcan los sitios donde
descansan muchos bebés, niños, ancianos y de otras edades.
El ángel dice que esto es a causa de la misericordia de
Dios, porque ellos no podrían soportar el tiempo de
angustia. Él dice que no debemos sentir remordimiento,
porque ellos duermen por muy poco tiempo antes de despertar
para ver a Jesús venir en las nubes. El ángel dice
que ellos tomarán sus lugares como parte de la gran
multitud.
Volteamos y caminamos rápidamente a través del pasillo.
Regresamos al salón donde tuve el sueño llamado “Id
adelante”. Nuevamente mi posición es la de un observador.
Escucho y observo mientras Jesús extiende su mano,
nos señala y dice, “Éstos son.” Entonces Jesús se dirige a
los ángeles que llevan los jarros y dice, “Vayan y derramen
mi Espíritu.”
El ángel, todavía asiendo mi mano, se voltea y me guía
rápidamente al pasillo. Pausa brevemente y me dice, “Presta
mucha atención mientras seguimos mirando. Esto es
importante y el pueblo debe comprenderlo.” Atravieso el
lado del pasillo y entro a un salón grande. Parece ser el
mismo cuarto del cual acabo de salir, porque veo que
nuevamente todos estamos de pie allí. Pero ahora nos veo
como vasijas vacías, esperando ser llenadas con lo que los
ángeles llevan en sus jarros.
El ángel se dirige hacia mí, sonríe y dice, “Mira con mucha
atención.” Ahora veo que todos estamos asquerosos, y que lo
que los ángeles tienen no puede ser vertido en nosotros.
Parece que tenemos lodo, grasa y otra basura adentro. Me
dirijo al ángel y le digo, “No entiendo lo que me está
mostrando. Yo pensaba que todos estábamos limpios.”
Todavía asiendo de mi mano, volteamos y nuevamente
atravesamos el pasillo. No nos detenemos ni disminuimos la
velocidad. Ahora estamos en otro cuarto. Veo al pastor Joe
Crews sentado ante un escritorio escribiendo algo. Noto que
el cuarto está lleno de santos ángeles. Veo a Jesús apoyado
sobre una rodilla junto a él. Le está diciendo lo que debe
escribir. El ángel dice, “Él está escribiendo Creeping
Compromise [Concesión paulatina]. Esto es lo que ‘éstos
son’ deben ser. Hace falta esta instrucción para
perfeccionar el carácter de los que se esfuerzan por formar
parte de los 144,000. Un repaso de este libro mostrará que
los ángeles no pueden derramar su Espíritu en vasijas
asquerosas. Aquéllos que desean sinceramente formar parte
de los 144,000 deben limpiarse ahora—no mañana. Este libro,
inspirado por Jesús, es el fundamento de lo que se debe
hacer.”
El ángel detalla elementos del libro. Me habla de la
moralidad en la vestimenta. Habla de la superabundancia de
maquillaje. Explica acerca de las joyas y que no hay
necesidad de usarlas. Dice que aun llevar el pequeño
símbolo del matrimonio es una concesión pequeña, y que una
cosa lleva a la otra. En el cielo no habrá matrimonio ni
anillos. No nacimos con ellos. La mente será depurada de
deseos y antojos, y la dieta consistirá de lo que Dios le
dio de comer a Adán y Eva. Esto lo harán no porque quieren
formar parte de los 144,000, sino por amor a Aquél que es
del Gran Amor.”
Todavía asiendo de mi mano, el ángel y yo rápidamente
atravesamos el pasillo hacia otro cuarto con espejos. El
ángel me instruye, “Mira en el espejo y dime lo que ves.”
Le contesto, “Me veo a mí mismo y a usted de pie junto a
mí.” Él me dice, “Eso está mal. Te llamas cristiano.
Cuando te miras en un espejo no te debes ver a ti mismo.
Debieras ver a Jesús. Si deseas llamarte cristiano, eso
significa que deseas ser como Cristo. ¿Cómo puedes ser
semejante a Cristo y no parecerte a él? Dices que deseas
formar parte de los 144,000, pero ¿cómo lo lograrás si
Cristo no te sostiene ante el Padre? Si te pareces a
Cristo, caminas como Cristo y sonríes como Cristo, entonces
podrás estar firme el día cuando Jesús no te pueda sostener
ante el Padre. Cuando te mires en el espejo y veas una
vasija limpia, sin asquerosidad, entonces recibirás la
bendición que Jesús ha mandado que sea derramada.”
Me dirijo a mi ángel y le digo, “Me parece que hay tan
pocos haciendo la obra de Dios.” Me sonríe y nuevamente
noto los hoyuelos en sus mejillas. Volteamos y atravesamos
el pasillo rápidamente hacia otro salón. Veo muchos
ministros ungidos por Dios. Mi ángel me señala uno en
particular. Ahí veo al pastor Doug Batchelor. Noto
que cuando camina, hay ángeles vestidos de mantos muy
brillantes que van delante de él llevando lo que parecen
ser lámparas que alumbran su camino. Otros ángeles a su
redor llevan libros, otros le dan ánimo y dirigen sus
pasos. Alrededor de él hay muchos ángeles más grandes
vestidos de prendas de batalla. Rodean el grupo entero
mientras se mueve adelante. Afuera de este grupo hay
muchos, muchos ángeles cuyos mantos están negros y sucios.
Se ven se ven destrozados de la guerra y sus rostros no
brillan. Observo que estos ángeles constantemente tratan de
atacar al pastor Batchelor. Nuevamente, el ángel se dirige
hacia mí y dice, “Dios tiene muchos obreros en distintas
partes y distintos niveles.” Le pregunto, “¿Debo
comunicarle al pastor Batchelor lo que acabo de ver?” Me
sonríe y dice, “Es animador saber cómo el Padre lo cuida a
uno. No necesitas hacerlo. Estoy seguro que él lo sabrá.
Ambos caminan senderos paralelos y sus caminos se
cruzarán.” Me dirijo al ángel y le digo que me siento
abrumado con la gravedad de las cosas que se me están
mostrando.
Todavía asiendo de mi mano, regresamos al pasillo. Mi ángel
me sonríe y dice, “Ustedes que forman ‘éstos son’ juntos
constituyen Hliva.” Le pregunto cómo se deletrea. Le digo
que no comprendo lo que me está tratando de decir a mí o a
nosotros. Le digo que no me siento apto para la tarea que
se me ha dado—que hay otros más adecuados para esto.
Sonriendo nuevamente el ángel me explica, “Porque no
comprendes, sabes. Si fueras a saber, no comprenderías.
Todo el cielo conoce, como también toda la tierra, a
quiénes Dios ha escogido. El enemigo los odia a ustedes que
forman ‘éstos son’ y querrá detenerlos, pero el Padre
prevalecerá.
Miro a mi ángel y le pregunto acerca de las huellas de los
clavos en las manos de Jesús. Nuevamente el ángel y yo
atravesamos el pasillo. Ahora me encuentro caminando junto
a una corriente hermosa. Estoy a punto de maravillarme de
la belleza de la escena, cuando volteo, porque oigo que
llaman mi nombre celestial. Veo que Jesús se nos aproxima.
Quiero correr hacia Él, pero no puedo porque el ángel me
tiene fuertemente asido de la mano y no me suelta. Me dice,
“Estás bajo mi custodio.”
Los tres comenzamos a conversar mientras caminamos a lo
largo de la corriente. No siento deseos de mirar la belleza
que lo hay allí. Sólo quiero mirar los ojos de Jesús. Lo
observo y escucho lo que dice. Nos acercamos a un árbol y
Él recoge un tipo de fruta. No me interesa verla. Sólo me
atrae el mirar sus ojos. Extiende la fruta en la palma de
su mano y yo la miro. Me dice, “Si eres fiel, verás donde
yo di todo por ti.” Rápidamente miro a sus ojos. Me dice a
mí y a todos los que sacrifiquen todo por Él como Él
sacrificó todo por nosotros, “Si eres fiel, yo tomaré del
fruto de este árbol, y Yo mismo lo pondré en tu boca.”
Durante ese tiempo yo no miro el árbol ni el área
alrededor. Sólo miro sus ojos. Oh, esos ojos. Se dirige a
mi ángel y le dice, “Gracias.” Mi ángel hace reverencia
inclinando la cabeza.
Ahora el ángel y yo regresamos al pasillo y me encuentro de
pie en la cima de una montaña muy grande. Puedo ver a mucha
distancia hacia el norte, sur, este y oeste. Me dirijo a mi
ángel y él me dice, “Mira atentamente hacia el este.” Veo
un cielo azul sin nube alguna. Entonces noto un objeto
negro muy pequeño. Se aproxima a una velocidad increíble.
Lo observo por unos segundos mientras la nube negra parece
algo más grande que una pelota. Mi ángel se voltea y
rápidamente nos encontramos en el pasillo. Me mira y dice,
“Esto lo verás pronto.”
Parados en el pasillo, el ángel me suelta la mano derecha.
Siento una separación que no puedo ni deseo sentir. Me ha
tenido de la mano y ha estado conmigo a través de todo lo
que he visto. Da un paso hacia atrás y de repente me
sobrecoge un sentido de felicidad indescriptible. Mientras
observo el ángel, que hasta ahora ha tenido la misma altura
mía, crece a su estatura normal. Observo mientras sus
alas salen de su espalda y se desdoblan, desdoblan, y
vuelven a desdoblarse y las estira. Noto que son curvas y
me recuerdan de un halcón. Miro hacia arriba y le pregunto,
“¿Son reales o simbólicas?” Sonríe y esos hoyuelos
suyos se notan aún más. Me contesta, “Eres atrevido,
¿cierto?” Con una ondeada de sus alas inmensas sube
altísimo en un instante. Me mira y dice, “Si permaneces
fiel a tu Salvador, ya lo sabrás.” Entonces me da la
sonrisa más grande de todas.
Al mirar hacia arriba, otro ángel aparece de detrás de él a
la izquierda, entonces otro aparece a la derecha. Observo
mientras muchos ángeles aparecen uno detrás del otro. Todos
tienen un aspecto distinto. El lugar se llena de muchos,
muchos, pero muchos ángeles. Miro mientras Jesús camina en
medio de ellos y se me acerca. Me dice, “A aquéllos que
forman ‘éstos son’, yo os tengo en la palma de mi mano y
jamás os soltaré. He pagado muy caro por vosotros y sois
míos. Velad, porque ¡ya voy!”
De repente, se torna muy, muy, pero muy brillante detrás de
los ángeles y Jesús. Sé que si hay más resplandor no lo
podré soportar. Entonces oigo la voz más melodiosa que
suena como una catarata ensordecedora, como una corriente
montañés y como un pequeño chorro de agua—todo a la vez.
La voz dice, “Cuando los veo, veo a mi Hijo. Cuando veo a
mi Hijo, los veo a ustedes. Porque los que forman ‘éstos
son’ constituyen mi pueblo. Estoy muy complacido. Los
acepto a través de mi Hijo.”